Cantemos el himno: «Boca nunca teme luchar»

Sumamos a nuestro newsletter a Claudio Conti que nos va a ir contando sus vivencias como hincha de una forma particular: cada anécdota refiere a una frase del himno de Boca Juniors. Hoy, la más famosa: «Boca nunca teme luchar»

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El primer párrafo me lo robo para agradecerle a la muchachada de MuyBoca por la invitación a cubrir este espacio, el que habitualmente ocupa Marcelo Guerrero. Desde ya, a los lectores, mis disculpas: la ausencia será indisimulable.

Pero yendo a lo nuestro, acá somos todos de Boca, así que conocemos nuestro origen, de dónde venimos, cómo llegamos y cuánto nos cuesta la felicidad. En el lomo tenemos cicatrices, frustraciones, llantos, ausencias. Pero en el pecho, que bien podemos inflar, tenemos orgullo, epopeyas, alegrías y afectos.

Pero siempre, en definitiva, los bosteros podemos hacer gala de la frase de nuestro himno que nos define: “Boca nunca teme luchar”. Y, como sea, luchamos.

Y de eso vengo hoy, de crecerse en la adversidad, eso que nosotros llamamos “a lo Boca”. Y a mi cabeza vienen muchos partidos, muchas aventuras, muchísimas situaciones “a lo Boca”, y no necesariamente en orden de importancia. Puede ser la final con el Madrid en Tokio, puede ser Mandiyú en La Bombonera. El orgullo no tiene precio, mis amigos.

Pero hoy voy a recordar uno que no vi. Soy de la caricaturizada generación del ’92 así que mis recuerdos son estos. Año 1987, Copa de Oro Mar del Plata, el clásico contra los que unos años más tarde iban a volver a La Feliz, pero a jugar el Nacional.

El asunto es que estábamos en Mar de Ajó de vacaciones con mi madre, su marido y la hermana de mi madre. Sin tele, por supuesto, y, si vieran lo que era el departamento, no era lo más grave. Así que pusimos la radio en la mesa del comedor, sala que albergaba además a la cocina y una habitación. Prácticamente al baño también.

La cuestión es que ellos venían con la base que unos meses antes había ganado la Libertadores y la única Intercontinental de su historia. Y nosotros con las penas y las dudas propias de los ochenta. Menotti en el banco, jugadores que nadie sabría si se adaptarían al estilo del ex DT del Barcelona y todo nuestro drama de la época.

Lo arrancamos ganando con un gol de Rinaldi promediando el primer tiempo, pero, sobre la hora, penal para ellos, empate. Tranquilidad, seguíamos ganando la Copa. La cosa era así porque habíamos despachado a Independiente y al Colonia de Alemania -vean qué nivel tenía todo esto– y ellos se habían cargado a los alemanes, pero al haber empatado con los de Avellaneda, nos daba la ventajita. Ustedes no me van a creer, era “la Copa”, porque estos torneos eran importantísimos en aquellos años, nadie hablaba mucho de Libertadores ni cosas así.

Ya en el segundo tiempo, y en apenas dos minutos, Funes y Alzamendi – tómenle el peso – nos la mandaron a guardar. Chau Copa. Se escuchaban festejos y cargadas en la calle.

Con la frustración a cuestas nos fuimos a cenar a una pizzería – vacaciones, mamá no cocinaba-. Mientras comíamos sentimos algún grito de gol, otras cargadas, risotadas y otro grito de gol más. Imaginábamos lo peor, porque estos torneos se desmadraban, entonces, a la derrota parcial le seguían las tarjetas e, indefectiblemente, la goleada. El oprobio. El plan familiar siguió como rutina, con la vuelta al perro por el centro. No hubo fichines aquella noche para aquel chico que orillaba los 10 años.

Ya de vuelta, pasada la medianoche, frustrado y agotado de un día de barrenadas, pelota–paleta y fulbito playero me fui a acostar. Recuerdo estar en la cama cuando escuché el grito del esposo de mi madre, algo así como “ganamos la Copa”.

Resulta que Comas había descontado y el querido Quique Hrabina había puesto el 3-3 definitivo sobre la hora. Eso eran los gritos. No fue el partido más importante de nuestra historia, ni mucho menos, pero esa noche no la olvidaremos jamás.

Ya vendrían alegrías de grueso calibre de esas que, en ese momento, ni soñábamos. También habría de las otras, por supuesto, pero siempre al frente, con la cabeza en alto. Porque Boca, Boca nunca teme luchar.

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