Cantemos el himno: «Viejo Boca vencedor»

Claudio Conti, alias @cladaco, nos sigue recitando nuestra canción emblema. Esta vez, toca «Viejo Boca Vencedor»: ¿cómo hubiera sido estar en la cancha el día en que Roma le atajó el penal a Delem?

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Lo apretados que estamos, no se puede creer. Con mi viejo nos agarramos del brazo, si nos perdemos acá, olvídate, no lo veo más. Hace una punta de años que no salimos campeones y ahora estamos cabeza a cabeza con estos tipos. A papá lo veo nervioso, está callado. Me agarra fuerte, me habla fuerte, no me interesa lo que dice de un partido más. Yo quiero ganarles a estos hoy, después vemos.

Explota la cancha, pero explota de verdad. Es una locura. 60.000 tipos rugiendo, los tenemos que pasar por arriba.

Trona el “Dale Boca” algunos se animan con el “Sí, sí señores…” pero yo ahí no canto nada, ni loco. Falta mucho. Y Boca va al frente.

Cierra mal Echegaray, sale Amadeo, cae Paulo. Penal. Penal grito. Penal gritamos todos. Papá también, pero el grito no le sale. Es solo el puño en alto, trompadas al cielo y unos labios que gesticulan, ojos inyectados. Penal. Y Nai Foino, el árbitro da penal. Uno me quiere abrazar, pero no, me lo saco de encima. Los penales hay que patearlos. Si entra se festeja.

Va Valentim en nuestro arco, el de Casa Amarilla. Va el derechazo cruzado, Amadeo se fue al otro lado. Pasan mil años, pasan frustraciones, pasa el abuelo que se quedó en el camino, siento que papá me aprieta muy fuerte el brazo, pero no me duele, y así, con los brazos trenzados saltamos cuando la pelota toca la red y el brasilero nos grita el gol de cara a la tribuna, con bronca, con el puño apretado. 1 a 0. Nos aseguramos el primer puesto.

Ahora hay que aguantar. Papá me dice cosas que no escucho. Estamos aguantando a estos tipos que se nos vienen al humo. Nunca me había dado cuenta, pero el tiempo es muy relativo. Viví más tiempo en esta tribuna, viendo este partido, que en toda mi vida, o lo que yo recuerdo de ella. Por fin, termina el primer tiempo. La eternidad no es tan larga al lado de esto. Papá prende un cigarrillo, aunque siempre le digo que no fume, hoy no le voy a decir nada.

Arranca el segundo tiempo y mi brazo izquierdo ya no se siente. Papá está agarrado, pero, además, salta a cabecear, patea para despejar, le grita al árbitro y le pide a Marzolini que no pierda la marca. Está loco, pienso. Con Marzolini tiene algo especial: mamá lo ama.

Entre Roma, Simeone, Silvero y Orlando están bancando la parada, Rattín persigue a Artime hasta abajo de la cama. Papá le grita a Marzolini que ayude a sacar al equipo. Silvio no parece escucharlo. Pobre Silvio, si supiera la mina que se perdió.

Papá me avisa que se viene la noche. Esto ya lo vio, eso dice. Y el tiempo acá no pasa, esto no termina nunca. Ahora yo cabeceo con Simeone y lo ayudo a Silvero con un puntinazo para que la pelota llegue al círculo. Trato de darle una mano al Rata para ordenar al equipo y me las ingenio para sacar cadera entre la gente para ayudar al Beto Menéndez a aguantar una pelota sin destino.

Tiran el centro y Artime se tira. Se tira. No, se tira, gritamos todos. Nai Foino, se tira. Se tira, clarito. Lo comentamos entre todos. Papá mira fijo al área. Tiene lágrimas en los ojos. Está mudo. Siento que pese a que me sostiene el brazo lo hace sin fuerza. Debe pensar en el abuelo, sólo ese día lo vi así. Está quebrado, aunque no se quiera quebrar.

Sigo su mirada, cobraron penal.

Es en el arco nuestro, otra vez. Tarzán está de negro. Parece que va Delem. Es injusto. Otra vez se nos va a escapar de las manos. Es muy injusto. Papá prende otro pucho. Le sugiero que no mire si no quiere. No me escucha, mira fijo, perdido.

Va Delem, la cruza, igual que Valentim. Roma va para ese lado, no como Amadeo. La pelota viaja. Y ahí viajan tantas desilusiones que ya ni me acuerdo, viaja nuestro silencio nervioso, viaja nuestra vida entera. Deben ser años, décadas. Es increíble cuánto puede tardar una pelota en recorrer la distancia del punto penal al arco, y tal vez un poco menos si nos ponemos finitos. Papá cerró los ojos y ya no siento mi brazo izquierdo. Yo también me inclino a la derecha para ayudar a Tarzán. Algo me golpea de atrás. Me empujan. Se siente un ruido seco. Tump. Roma da cabriolas en el piso todos corren a abrazarlo. Papá mira al cielo, está llorando. Dice algo que no escucho, ni tengo por qué escuchar, es entre ellos. Un montón de camisetas azul y oro se tiran arriba del Tano Roma. Empieza a meterse gente. Papá ahora me abraza.

Ellos rodean al árbitro que se los saca de encima, qué protestan, llorones. Penal bien pateado es gol. 

Almirante Brown es una fiesta, está todo el barrio y estamos los que salimos de la cancha sin saber cómo vamos a volver a casa. Fueron a buscar a los jugadores, y eso que todavía falta un partido. Los traen en andas. Un loco hizo en tiempo récord una mano gigante, la mano del Tano Roma, la mano de todo el pueblo xeneize, la mano del viejo Boca vencedor.

 

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