Cantemos el himno: «Nuestra fuerte juventud»

Claudio Conti, alias @cladaco, nos sigue recitando nuestra canción emblema. Hoy toca «Nuestra fuerte juventud»: vale como homenaje para los pibes que se bancaron una semana entera jugando con la azul y oro.

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“Desde el alma”, interpretada por Juan D’Arienzo y orquesta, invade el living con el inconfundible sonido del vinilo. Es la versión que más le gusta a mi abuelo, Eduardo. Mi viejo prefiere la de Pugliese. Yo me emociono cuando la escucho cantada por Nelly Omar. Pero a los tres nos gusta “Desde el alma”, seguro porque nos transporta a La Bombonera, al vals. Eso sí, a los tres nos molesta eso de aplaudirlo, de hacerlo tan rápido, que cada vez dure menos. El vals no se aplaude, se quejaba mi abuelo, según recuerdo, una de las últimas veces que lo vi en su platea.

Dejó de ir hace unos años. Casi no mira los partidos por televisión. La platea la conserva para que no la perdamos. Pero se hartó, según me dijo una tarde. Que está todo arreglado, que el fútbol ya no tiene sentido. Que en la componenda están todos metidos, que no me voy a hacer malasangre por estos millonarios que ya tienen todo organizado. Mi viejo se le reía, que no exagerara, le decía. Nos dan y nos quitan, tampoco es nada grave. Pero el abuelo seguía en sus siete, que no es cuestión de dar o quitar, es cuestión de poder, de poderes muy altos. Que cómo sería la cosa que hasta los gobiernos se arrodillaban ante el fútbol.

Mi abuelo tenía razón, pero prefería creerle a mi viejo.

Mientras preparamos la picada mi abuelo hace el vermú. Está por empezar el partido y estoy ansioso. Se nota un poco porque casi me rebano dos veces el dedo cortando el salamín. La bronca por Mineiro no se me pasó, sigo caliente y estoy que vuelo. Hoy juegan los pibes del club y quiero verlos, aunque más me gustaría estar en la cancha. Pero claro, hace rato nos quedamos sin visitantes, así que ya me lo perdía. Nos acostumbramos a eso también. a veces pienso que mi abuelo tiene razón. Y ahora, encima, la pandemia. A verlo por tele. Y pagando. Sí a eso también ya estamos acostumbrados. Debe tener razón el viejo.

Salen los pibes a la cancha. Confieso que no conozco, casi, a ninguno. El abuelo se ríe, mientras corta una rodaja generosa de naranja para saborizar los tragos, nos dice que no perdamos el tiempo, que está todo digitado, que nos presentamos porque somos Boca, pero que no había que presentarse. Mi viejo está callado, mira la tele amargado, por ahí siente que perdió la discusión con su padre. Debe ser eso, porque el otro un poco se le mofa. Y cuando escupe su bronca lo mira a él.

Por tuiter dicen que hay que seguir a un tal Mancuso, otros que no perdamos de vista a Escalante y que miremos bien a uno que le dicen Equi, que tiene el tobillo a la miseria, pero pidió jugar igual. De 3 va uno que ya vimos, Barco, debería estar cursando cuarto año. También cuentan que la familia de uno que está en el banco se compró una tele para ver el debut del nene. Palma se llama.

Se van a comer 8 goles, apunta mi abuelo. No seas agorero, viejo, son jugadores de fútbol, le contesta papá más hinchado las pelotas que convencido. Yo aporto algunos datos que pueden entusiasmar. Lo que voy leyendo en las redes. Pero igual, si termina 8 a 0 tampoco va a ser raro.

Veo a los héroes del 2000 y veo que está Giunta, me ilusiono. Yo creo en esos tipos y si esos tipos están ahí por algo es.

Los pibes se animan. Nadie dijo mucho de ese Taborda y la mueve bastante. Corren y meten. Parece mentira que varios jugaron ayer el partido de la Reserva, no dan una por perdida. El arquero, Lastra, corta centros y se queda con el cabezazo de uno de Banfield que entró solo. No se achicó para nada.

Casi los embocamos, pasó cerca. Y Mancuso era bueno, como decían.

Termina el primer tiempo 0 a 0. El abuelo avisa que en el segundo tiempo se quedan sin piernas y nos comemos un peludo histórico. Mi viejo le dice que se calle la boca, que para pavadas están los relatores y comentaristas. El primer tiempo fue digno, apunto tímidamente, y me guardo una bala por si nos golean.

Los pibes siguen en la misma, meten y meten. Pero también juegan, tocan, trasladan, gambetean, aseguran la bocha. Los centrales ganan de cabeza. Los laterales van con criterio, vuelven con velocidad y se quedan cuando saben que no van a lastimar. No es casualidad, los guía el equilibrista, Sebastián Battaglia.

Otra vez lo perdimos, estuvimos cerca. Lo exigen a Lastra, pero con Barco salvan el mal trago y el abuelo salta del sillón y lo grita como un gol, así, pibe, así, esto es Boca, grita derramando el tercer vermú sobre el mosaico.

Los soldados se van cayendo, calambres, desgarros, agotamiento. Cagamos, dice papá, resignado. El abuelo no agrega nada. Yo aporto alguna estadística del que entró de 9, Bodencer, un poco inflada, tal vez.

Se acaba, ya falta poco, ojalá estos chicos tengan el premio de irse sin perder este partido, ojalá no se caigan al final. Dan un descuento eterno. Es un abuso, como todo. Como dice el abuelo, está todo tocado. Se juega hasta el gol de Banfield.

Pero no, resistimos, se acaba, se acaba. Se escucha a las glorias que ganaron todo gritar desde su palco “Vamos, vamos los pibes…”. Papá empieza a gritar y yo también. Se terminó. No los golearon. No perdieron. No les salió.

El abuelo no se nos suma, está callado, los codos en las rodillas, los hombros para adelante y la cabeza caída. Me acerco, y lo abrazo. Me abraza como no recordaba que nos abrazáramos. Tiene lágrimas en los ojos.

Los pibes, esto es Boca, estos pibes son Boca, haceme caso, nene, yo vi a Boyé, a Rattin, a Mouzo, a Rojitas, disfruta a estos chicos, me dice el abuelo con la voz quebrada.

Con papá juntamos las cosas, dejamos todo ordenado y nos vamos, el abuelo se encerró en la pieza, no lo vamos a ver emocionado así nomás.

Mi viejo cierra la puerta, le echa llave y sentimos el grito del viejo, “Esto es Boca, contra todos y contra todo, Boca, carajo”.

 

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