¿Esto es Boca? Sebastián Battaglia

Largamos una nueva columna que trata de explicar el sentimiento que compartimos: Vali Campanelli (@ValentinaCKelly) nos cuenta vivencias y momentos que, para ella, representaron el sentir boquense. Hoy, alguien que representa ese sentir: Seba Battaglia.

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Resulta que me convocaron para tratar de explicar el sentimiento Xeneize –como si fuese algún tipo autoridad en el tópico– y pensaba en que podía ser un disparador de recuerdos, de debate: algunos creerán que Boca pasa por otra cuestión, podremos sentarnos a discutir horas, pero también pensaba en que si hay una persona a la que no hay que explicarle nada de esto es a quien hoy tiene el buzo de DT. Esta semana elijo explicar a Battaglia porque me parece que se parece mucho a la consigna.

«¿Esto es Boca?» rezaba la tapa de una revista deportiva allá por junio del 98 cuando Bianchi firmó su primer contrato. Arrancó otro ciclo en el club y esa revista, de seguir existiendo, tendría que pensar otro título: Battaglia sabe si Esto es Boca. De hecho, ¿cuántas personas lo saben tanto como lo sabe él?

En realidad estoy escribiendo esto a pocas horas de partir hacia La Boca para su debut: no sé cómo le va a ir, no puedo ni quiero predecir el futuro. Pero hoy tenemos al frente del equipo a uno de nosotros. No es que me quiera colgar las mil medallas que tiene. Yo las vi desde la tribuna, no entré a jugar. Pero sí sé que es de los pocos, sino el único, que a cada paso que dio, hizo lo que hubiésemos hecho cualquiera de los que sufren los partidos desde afuera, esos que nos trepamos a los alambrados y a veces pecamos en exigirles a los jugadores gestos que no nos incumben (están trabajando, al fin y al cabo).

Pasa que Seba, un tipo querible como pocos, siempre fue a contramano de todo. Porque los jugadores de su clase suelen irse temprano a Europa, porque suelen quedarse allá, suelen no volver. Y si vuelven, vuelven con exigencias, con pedidos insostenibles, con pretensiones que a veces los clubes terminan sufriendo. ¿Seba? Jamás.

Es del club, debutó bien chiquito, como los cracks. Muy poco después llegó el Virrey y la historia la sabemos todos. Pero de lo que muy pocas veces se habló y se habla (en gran parte por esta misma dinámica en la que él fue a contramano de todos) es del rol de Battaglia en ese Boca. En ese y en todos los Boca que le tocó integrar.

Creo que es imposible hacer una comparación, el fútbol cambió mucho, pero si jugara a imaginar qué pasaría con un pibe de la calidad de Seba hoy, debutando temprano y siendo parte de un plantel histórico en el inicio del ciclo más exitoso del club más exitoso, intuyo que a mitad del año 2000, ya con tres años en Primera y habiendo sido pieza fundamental en la rotación de un equipo que ganó todo, se fijaría entre todas las ofertas y se instalaría en algún pueblo tranquilo de Europa donde formaría una familia para toda la vida. Y si esa oferta se trunca, ya sabemos todos el circo que se vendría. Llorar titularidad en alguna AM, ventilar alguna intimidad del vestuario, posteos de allegados cuestionando al entrenador, gestos desde el banco que valdrían horas de discusión en los programas de chimento que hay hoy en los canales deportivos. ¿Seba? Jamás.

Allá por el 2003, quizá en el pico de su rendimiento después de un año en el que tiró la casa por la ventana, se fue a España. Pero como todos nosotros hubiésemos hecho, volvió rápido. Y otra vez fue parte de un equipo generacional: el Boca de Basile ganó todo lo que jugó y Seba estaba de vuelta. En la Copa con Russo rotó en varias posiciones, pero cuando entró, rindió. Y obvio que ganó.

Ese fue y es Battaglia. El jugador que siempre eligió a Boca, incluso antes que a él mismo. El que salió del club, el que ganó todo, el que compartió equipo con los mejores, el que ganó finales (tantas), el que ganó clásicos, el que jamás le exigió nada a nadie, el que con la vitrina llena de Copas se sentó en el banco y calladito se volvió a ganar el puesto, el amigo de todos en el vestuario dividido, el que nunca traía un problema, el crack de perfil bajo, el que se agigantaba en las difíciles, el que intentó hasta donde pudo, el que supo decir basta, el jugador menos tribunero más amado por la tribuna.

No hace falta explicarle a Seba qué es Boca, que la hinchada exige esto o lo otro, que la Bombonera se mueve, que los partidos importantes se juegan así o asá, que Boca va al frente. Y a mí eso me da mucha tranquilidad. No garantiza resultados y lo sé, pero sí me gustaría que nos demos el lujo de disfrutarlo. De no dudar de las intenciones de quien está en el banco, porque es alguien que una y otra vez tiró para el lado de Boca, muchas veces a costa suyo. El que está cumpliendo su sueño. El que nos puede mostrar mejor que nadie que Esto es Boca.

 

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