Memorias de hincha: una remontada inolvidable

Marcelo Guerrero recuerda una increíble remontada 3-2 ante Lanús hace exactamente 50 años: todos los hinchas tenemos un partido que nunca nos olvidaremos.

En el Metropolitano 72, bajo la dirección técnica del chileno Fernando José Riera, Boca tuvo un arranque soñado como visitante: 5-0 a Ferro, 4-0 a River y 7-1 a Estudiantes. El centrodelantero Hugo Alberto Curioni marcó siete goles en ese raid demoledor, uno hermoso de emboquillada, en el Monumental, del que por suerte hay registro fílmico. En medio de semejantes resultados hubo un empate 1-1 con Newell’s y una victoria 1-0 sobre Racing en la Bombonera. El adversario de la sexta fecha fue Lanús, campeón de Primera B en 1971. Llovió muchísimo aquel domingo 26 de marzo.

Los Granates, que llegaban con un récord de un triunfo y cuatro derrotas, se adelantaron sorpresivamente en el tanteador gracias a una definición del bahiense Néstor Aníbal Barú. Boca dispuso de una magnífica chance para igualar, pero Osvaldo Norberto Santos, también de Bahía Blanca, le atajó un penal al zaguero Miguel Alberto Nicolau, el Flaco de Corral de Bustos, capaz de despachar misiles con su pierna derecha. La expectativa para el segundo tiempo era que, en vez de agua, empezaran a caer los goles locales.

Boca empezó a cascotear el área contraria, donde se agigantaban las siluetas ya embarradas de Santos, Osvaldo José Piazza (luego emigrado a Francia, donde se hizo amigo inseparable de Carlos Bianchi) y el ex riverplatense Abel Omar Vieytes. Para peor, una pifia del capitán Silvio Marzolini, que alguna vez también han fallado los cracks, derivó en el 2-0 para Lanús. No parecía la tarde, hasta que Santos regaló una pelota, le cometió falta al Tula Curioni y fue expulsado. Iban 28 minutos. Nicolau pateó el segundo penal y acertó: 1-2 y a remar bajo el diluvio.

Curioni, arrojándose al piso, niveló a los 39. Un par de minutos después el mendocino Roberto Domingo Rogel, zaguero corrido casi a posición de 9, convirtió de palomita para desatar un festejo enloquecido en tribunas tapizadas de paraguas negros. ¡De 0-2 a 3-2 en 13 minutos! La bronca de Lanús se tradujo en dos rojas más y una gresca en la que se llevaron a Osvaldo Rubén Potente, cerebro xeneize, quien se anotaba en las calmas y en las tempestades.

El rendimiento de Boca declinó de manera notoria y quedó poco para rescatar de aquel torneo: un gol de cabeza de Carlos Pachamé desde fuera del área a Huracán, un 4-1 a Vélez en Liniers con un impresionante tiro libre del correntino Ramón Héctor Ponce, un 4-2 a Independiente en otro domingo tormentoso y un 1-1 en Boedo ante el ya consagrado campeón San Lorenzo.

A quienes empezábamos a asomarnos al fútbol, con los ojos curiosos de un pibe, aquella remontada contra Lanús nos enseñó que siempre, aun en las circunstancias más adversas, un Boca luchador puede ganar cualquier partido. Días atrás, ya más grandes y con lentes, volvimos a ser testigos.

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