La debilidad de Román

Riquelme llenó de elogios a Juan Ramírez, al que le colgó el cartel de «jugar siempre bien los clásicos». Repasamos una historia de admiración y respeto mutuo que tuvo varios puntos en común.

La noche del cumpleaños número 7 de Juan en la casa de la familia Ramírez no fue una más. Cuando el reloj marcó el cambio de día y dió comienzo a aquel 25 de mayo del 2000, Juan supo que quería ser futbolista. Hacía un rato nomás, Boca acababa de eliminar a River en la Copa Libertadores y Juan Román Riquelme marcaba la carrera de Mario Alberto Yepes para siempre. Después de recibir el saludo de sus padres, Juan se fue a dormir pensando en aquel caño y soñó en imitarlo alguna vez.

Años más tarde, en su segunda temporada como jugador de Primera en Argentinos Juniors, se dió el primer enfrentamiento. Fue en un 0-0 pero vibrante partido en La Paternal, por la fecha 9 del Apertura de aquel año, que el Boca de Falcioni ganaría de manera invicta. Esa noche, nadie registró más tiros al arco que Juan Román, pero fue el propio Ramirez quien desperdiciaría las dos jugadas más claras del partido a los 42′ y 44′ minutos. Quizás, en aquella tarde noche, el entonces 10 xeneize pudo echarle el ojo al que hoy, más de una década después, es una de sus debilidades futbolísticas.

O quizás, haya sido en alguno de los 15 partidos en los que fueron compañeros en Argentinos: casualmente (o no), dos de los tres goles que convirtió Román en aquel torneo de la Primera Nacional fueron por asistencia del otro Juan. En aquellos 6 meses que marcaron el final de la carrera de Riquelme, Ramírez finalizó siendo capitán y referente de un equipo que terminó logrando el ascenso para el año 2015.

«Tenía una gran relación con Román. Juan lo quiere porque cuando jugaban juntos lo ayudó mucho”, contó alguna vez su hermano Gabriel.  Pero a esta pequeña historia que comenzó en idilio, que siguió en compañerísmo y que tuvo hasta padrinazgo, le faltaba el capítulo de este presente dirigente-jugador, con elogios de por medio, tras el triunfo en el Superclásico.

«A mi me pone muy feliz por Ramírez, porque lo conozco mucho. Lo conozco desde Argentinos Juniors e hizo mucha fuerza por venir y cada vez que juega el clásico lo hace bien. Eso hay que valorarlo y mucho. No es normal jugar siempre bien el clásico y él lo hace siempre bien«, declaró Riquelme en TyC Sports. Ausente en el 1-2 de octubre de 2021, Ramírez disputó dos Superclásicos con la azul y oro, y en ambos se fue con una sonrisa: jugó los 90′ y convirtió el penal en la Copa Argentina (fue su segundo partido en el club y hasta dejó un diente) y también completó el encuentro en el último antecedente, en el que Armani le tapó lo que hubiera sido el 2-0 definitivo.

Ramírez no solo le respondió en la cancha, sino también públicamente: «Me pone muy orgulloso lo que dijo, viniendo de un jugador como fue él. Me puso la vara alta, ja. Ahora es un desafío. Me dan ganas de triunfar en este club y devolverle un poco lo que hizo por mí». Rápido, encarador, y con 26 partidos ya sobre el lomo, todavía le falta para meterse en el corazón del hincha, pero silenciosas y rendidoras actuaciones como las del otro día seguramente harán torcer la balanza a su favor. La aprobación de Román, ni más ni menos, ya la tiene.

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Por @tomynel

Comentarios

  1. Ramirez jugó bien los últimos dos partidos. Por ahí lo que le falta es creérsela un poco más. Cuando juega bien tiene esos arranques de los cuales el 90% termina con foul, el 5% sin foul (pero con él tirado en el piso) y el 10% restante afuera o con recuperación del rival. Si alguna terminara en gol o pase-gol, estaríamos hablando de otro tipo de jugador que ya estaría en Europa. Las condiciones las tiene, pero repito desde mi ignorancia absoluta y mi lugar de oficinista (muy bostero) que juega mal al fútbol, tiene que creérsela más.
    Abrazos bosteros.

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