Memoria de Hincha: García Cambón

El hombre de los cuatro goles a River pasó a la inmortalidad y en MuyBoca lo recordamos con la columna de Marcelo Guerrero.

Así como durante la década del 60 fue común que los superclásicos se programaran en las últimas fechas, para aumentar la emoción de las definiciones, a principio de los 70 se volvió frecuente disputarlos en el inicio de cada torneo. El Metropolitano de 1974 abrió con un Boca-River el domingo 3 de febrero, lluvioso a la mañana, nublado toda la tarde.

Con Juan Perón en el epílogo de su vida, Carlos Monzón pronto a defender su corona en París ante el cubano-mexicano Mantequilla Nápoles, Mar del Plata en pleno festejo de su 100° aniversario y La Patagonia Rebelde a punto de estrenarse en las principales salas porteñas, Boca -de pantaloncitos bicolores- recibió al adversario.

El director técnico Rogelio Domínguez, fiel a sus postulados líricos, armó un mediocampo ofensivo con el Chino Benítez de 8, Mandrake Trobbiani de 5 y el Cabezón Potente de 10; Mané Ponce y Picky Ferrero, dos canteranos, en las puntas y como 9 un debutante recién llegado de Chacarita, Carlos María García Cambón.

La flamante incorporación cubría la vacante dejada por Hugo Curioni, con otras características: zurdo hábil, no era de área como el cordobés, buscaba tirarse atrás, tocar, recibir y devolver. Su presencia suponía un alivio para la visita. El cordobés, emigrado a Francia, venía de marcar en seis clásicos de manera consecutiva.

García Cambón logró que no se extrañara al goleador. Apenas habían transcurrido dos minutos cuando anotó el 1-0. Terminaría por meter cuatro -uno tras asistencia de taco de Potente- para un inolvidable 5-2, idéntico resultado que ocho meses antes contra ese mismo rival y también en la Bombonera. Ferrero hizo el restante, de penal.

Vitrola Ghiso y el hoy comentarista Quique Wolff convirtieron para el perdedor, conducido por Pipo Rossi y disminuido en sus chances por una pálida actuación de su estrella Beto Alonso. Realza la gesta de García Cambón que el arquero cuatro veces vulnerado haya sido uno de los mejores de la historia argentina: Ubaldo Matildo Fillol.

Ese Boca arrollador ganó seis de los siete primeros partidos, incluidos dos con verdaderas milongas: 7-1 a Argentinos como local y 6-0 a San Lorenzo en Boedo. El equipo se clasificó al cuadrangular por el título, donde cayó ante los fuertes rosarinos. Newell’s, con un gol agónico de Marito Zanabria, se consagró campeón.

Carlos María continuó en el club hasta 1976 y, aunque su relación con Lorenzo nunca fue cordial, resultó importante para la primera conquista del Toto. Su último gol fue uno de cabeza contra Estudiantes, en cancha de River, para empatar a los 87 minutos y salvar el invicto en la etapa decisiva. Se gritó como si hubiera valido por cuatro.

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