Desde la llegada de Russo, Tevez se reinventó como jugador. Si bien había convertido 16 goles entre 2018 y 2019 -primero con Guillermo y luego con Alfaro-, no terminaba de consolidarse como titular. Miguel lo ubicó al lado de un sacrificado Franco Soldano, con Salvio y Villa como flechas por las bandas y un Pol Fernández articulando los movimientos de la mitad de la cancha.

Tevez fue el emblema de la remontada en la Superliga 2019/2020. Jugó los siete partidos desde el arranque (sólo se perdió 34 de 630 minutos) y convirtió seis goles, incluido el 1-0 a Gimnasia, el día de la consagración. El 10 de marzo fue la última vez que pisó una Bombonera repleta, en el gran triunfo frente a Independiente Medellín por fase de grupos de Libertadores.

La aparición de la pandemia y la consecuente cuarentena estricta lo obligaron a replantearse muchas situaciones. Tras idas y vueltas, con declaraciones polémicas en el medio, finalmente decidió quedarse en el club. Se pensó que el parate por el COVID iba a frenar su gran momento futbolístico, pero volvió más fino en el juego aun, creando varias ocasiones en ataque aunque en los primeros partidos le costó convertir.

La rescisión del préstamo de Pol Fernández lo obligó a participar un poco más de la elaboración del juego, más como un enganche que como un finalizador de jugadas. El problema, que se empezó a evidenciar a finales de 2020 y se sufrió durante gran parte de 2021, es que cuando Tevez baja a armar el ataque, no había nadie para definir.

En sus últimos 16 partidos con la camiseta de Boca hizo cuatro goles: en la goleada 7-1 a Vélez (el gran triunfo del año), en el 2-1 vs Defensa y Justicia, otro en la importante victoria 2-0 a Santos por Copa y su último gol fue esa palomita contra River.

Si extrapoláramos sus recientes aportes futbolísticos a un equipo aceitado, se podría decir que no se lo va a extrañar tanto. Un gol cada cuatro partidos y poca incidencia en el trámite del partido. Pero en el contexto actual de un Boca de rendimientos bajos, donde la esperanza fueron tres pibes con pocos minutos en primera, el nivel intermitente de Tevez fue fundamental.

Boca pierde la inventiva, la chispa de un crack que, a sabiendas de que ya no tiene esa explosión que lo caracterizó durante toda su carrera, aprovechó al máximo sus recursos para generar faltas, capturar rebotes perdidos en el área o habilitar a sus rápidos punteros (Villa y Pavón). Pero claro, con ese sistema de juego y la velocidad de sus compañeros, siempre faltó alguien en el área para definir las jugadas: nuevamente, la idea juego conspiró contra los destellos del 10.

La última imagen no la deseaba nadie: un Tevez desganado, desconectado del partido, sin influencia real y, para colmo, estrellando su penal contra el travesaño. Boca va a extrañar al símbolo, al líder y al ídolo. Pero también sentirá la falta del mejor jugador de la segunda era Russo: 15 goles y 6 asistencias en 41 partidos.

El final no fue acorde a la carrera de crack que tuvo, más por problemas estructurales -armado de plantel y equipo- que por deficiencias propias. Boca deberá rearmarse sabiendo que no tendrá un héroe sobre quien apoyarse. Habrá que construir un plantel capaz de reponerse a las adversidades y que se anime más. Con lo que hay, el desafío es enorme. Sin Tevez, podría ser el momento de Cardona de tomar el rol de líder futbolístico (y de llevar nuevamente el 10 en la espalda), aunque para eso necesitará que su físico lo acompañe. Mientras tanto, Boca despide a su último gran ídolo y a uno de los pocos del plantel que ilusionaba con su rendimiento.

La estadística le sonríe a los delanteros de Boca: de los 45 goles que marcó el Xeneize en el campeonato, 38 los marcaron los de arriba, con Darío Benedetto (12) y Cristian Pavón (8) a la cabeza. Además, se turnaron para convertir en 17 de los 21 partidos del torneo: de los cuatro en los que no hicieron goles, fueron tres empates y una derrota.

Lo que podría verse como una buena noticia pasa a ser preocupante cuando el equipo no tiene variantes para cubrir una mala tarde de la delantera. Sólo Peruzzi anotó más de un gol, además de los tantos de Fabra e Insaurralde y los dos en contra: ¿y los volantes? En lo que va del campeonato, ningún mediocampista pudo marcar.

Ya sea por características o la conjunción entre el esquema y el estilo de juego de Guillermo Barros Schelotto, no sólo es difícil imaginar a los volantes convirtiendo, sino también se dificulta verlos llegar al área. Pablo Pérez suele probar de media distancia, con más errores que aciertos. Rodrigo Bentancur, ni siquiera eso: está más ocupado por correr pero se nubla en tres cuartos y nunca remata al arco. Wilmar Barrios, Fernando Gago y Sebastián Pérez tampoco pudieron romper el maleficio goleador de la media cancha. Ni siquiera Fernando Zuqui, que las pocas veces que entró lo hizo como puntero derecho.

La única variante que encontró Guillermo para que aparezcan los goles desde el medio fue con Carlos Tevez en cancha: ese día, Ricardo Centurión jugó como volante por izquierda y aportó dos tantos en la goleada 4-1 a Colón. Pero la realidad indica que el Apache ya no está y Centu, hoy lesionado y seguramente ausente para la seguidilla de partidos clave, es la principal carta de desequilibrio en ofensiva. Será tarea de los DT de Boca (y de los propios volantes) buscar la manera de colaborar en el ataque. De lo contrario, el equipo seguirá dependiendo más de los nombres que del funcionamiento.

Al comienzo del 2016, el Xeneize se acababa de consagrar campeón de la Copa Argentina y el torneo local y tenía resuelto el tema arqueros por un largo tiempo: Agustín Orion tenía firmado un contrato por dos años y medio más, Guillermo Sara acababa de lograr un vínculo que lo unía al club por cuatro temporadas y el Mono Ramiro Martínez había retornado a Boca para ser el tercer arquero. Sin embargo, la realidad al cierre de este año calendario es totalmente diferente.

Orion tuvo un primer semestre de buen nivel, incluso superior al de temporadas anteriores en el club. Su momento de gloria máxima lo tuvo la emotiva noche del 19 de mayo, donde contuvo tres remates en la definición por penales ante Nacional para darle a Boca el pase a semifinales. Sin embargo, allí no tuvo una buena serie y su última imagen con la ‘1’ xeneize fue la de un error suyo, que terminó por sentenciar a Boca. Luego, por decisión suya y del cuerpo técnico, dejó la institución para finalmente ir a Racing.

Sara arrancó con el arrastre de las dudas que había dejado en 2015. Con Orion definitivamente asentado en el puesto (incluso ante el cambio de DT), el ex arquero de Rafaela sólo tuvo minutos en el equipo muletto que disputó el torneo local con más pena que gloria, con salidas en falso que hasta fueron tapas de diarios. Con el alejamiento de Agustín, le cuerpo técnico pidió a Marchesín casi hasta el hartazgo, pero se terminó conformando con Sara. El nuevo arquero tuvo sus puntos altos en la victoria por penales ante Lanús (contuvo dos) y en el 2-1 frente a San Lorenzo, con dos tapadas claves. En el debe queda la eliminación vs Rosario Central, en el que dio un rebote largo, facilitando el segundo tanto canalla.

En la previa del Superclasico, Sara sufrió una luxación el hombro y le dio la posibilidad de debutar a Axel Werner, quien había llegado en julio (a préstamo por un año desde el Atlético de Madrid) para ser el arquero suplente. Con los errores lógicos de un veinteañero que por primera vez se ponía el buzo de Boca, Werner pasó con triunfo la excursión al Monumental y se destacó con varias atajadas en la goleada a Colón, aunque sufrió nuevamente con las pelotas aéreas. Su relevo en ambos partidos fue Martínez.

Sara tendrá para varios meses más de recuperación y Werner aún no pareciera estar del todo listo para ser el titular. Es por eso que en Boca se busca un arquero. Mariano Andújar es el candidato más potable, ya que reúne condiciones técnicas, experiencia y un contrato más terrenal, a diferencia de Nahuel Guzmán o Agustín Marchesin. La otra alternativa será el propio Werner, quien tendrá que madurar de golpe. Lo cierto es que, en el ciclotímico 2016 de Boca, el tema del arquero no pudo escapar a dicha realidad.

La realidad de Boca al 4 de diciembre de 2011 era notablemente distinta a la de hoy. Jorge Amor Ameal era el presidente de un club que se estaba por consagrar campeón invicto con amplia ventaja sobre sus perseguidores (Racing era uno de ellos); Juan Román Riquelme, ya sin Martín Palermo, había quedado como líder principal de un plantel que estaba volviendo a la gloria después de tres años complicados, comandados por un Julio César Falcioni que arrancó con complicaciones pero terminó armando un equipo compacto, fuerte defensivamente y efectivo, que a esa fecha llevaba 26 partidos sin perder.

Por el banco de Boca, entre aquel diciembre con Falcioni y el actual con Guillermo Barros Schelotto, pasaron Carlos Bianchi y Rodolfo Arruabarrena. El Emperador sufrió sus diferencias con Román y, tras perder la final de la Copa Libertadores 2012, su último semestre estuvo cargado de críticas, a pesar de quedarse también con la Copa Argentina. En un hecho histórico, se fue silbado por casi toda la Bombonera, que pidió por el Virrey. Angelici no le renovó a JCF (algo que tenía en mente) y fue a buscar al DT más grande de la historia de Boca.

Un pobre torneo local y una correcta Libertadores 2013 dieron inicio a un tercer ciclo que estuvo marcado por las lesiones y la irregularidad. En 2013/2014 llegó a las penúltimas fechas con chances matemáticas de salir campeón pero el equipo nunca inspiró confianza. Otra renovación fuerte del plantel ilusionó a algunos a mediados de 2014, pero Carlos duró apenas cuatro fechas: tras la dolorosa derrota 1-3 ante Estudiantes, Bianchi dejó de ser el técnico.

El Vasco asumió al otro día y le devolvió la confianza al pueblo bostero. Su ciclo quedó marcado por el 4-3-3, la rotación del plantel, las eliminaciones internacionales con River (una sola en cancha), las derrotas en clásicos y los dos campeonatos ganados: el torneo local (el primero de 30 fechas) y la Copa Argentina 2015. Pero nunca terminó de convencer tras la Libertadores 2015 y tuvo que irse luego de una derrota 0-4 ante San Lorenzo en la Supercopa 2016 y un flojo arranque de semestre.

La historia de Guillermo, quien también asumió al día siguiente de la salida de su antecesor, se sigue escribiendo. Hasta el parate por la Copa América, el DT parecía haber encontrado el equipo (que muchas veces no pudo repetir por lesiones); a partir de allí, la realidad fue distinta. Se hizo prácticamente todo mal en la semi ante Independiente del Valle y se perdió la última chance de disputar la Libertadores 2017 con la derrota ante Central por la Copa Argentina. En el torneo local, a pesar de un comienzo con irregularidades, el equipo va mejorando y está tercero.

Riquelme era el protegido de Ameal y su renovación de contrato había sido criticada por Angelici, que aprovechó la figura del 10 para ser reconocido por Mundo Boca. Aquel 4/12/2011 estaba lesionado pero entró unos minutos para levantar el trofeo. Ya en 2012, la rompió en la Libertadores para llevar a Boca a la final pero luego se vació, dejando tristes a la mayoría de los bosteros y ganándose el resentimiento de algunos otros. Volvió al año siguiente para sufrir junto a Bianchi y se fue unos meses antes que el Virrey: una noche ante Lanús la rompió toda y se retiró ovacionado por los cuatro costados. Enemistado con la dirigencia, no renovó contrato y regresó a Argentinos Juniors, para devolverlo a Primera.

Hasta el retorno de Carlos Tevez como líder xeneize, se dieron las vueltas de Fernando Gago y Daniel Díaz, quienes junto a Agustín Orion -arquero que había llegado a Boca en 2011 y fue campeón con apenas seis goles en contra- se erigieron como los referentes del plantel desde la salida de Román. Conflictos internos y derrotas dolorosas fueron afectando la imagen positiva de estos tres. La derrota con Indepte. del Valle se cargó a Orion y el Cata, pero Gago, que se rompió ¡dos veces! el tendón de aquiles, acaba de volver en gran nivel.

Al lado del Cata Díaz jugaron Chiqui Pérez, Matías Caruzzo, Ribair Rodríguez, Juan Forlin, Mariano Echeverría, Guillermo Burdisso, Lisandro Magallán, Marco Torsiglieri, Alexis Rolin, Fernando Tobio y Juan Manuel Insaurralde -que estaba en 2011 pero se fue y volvió-. La 9 de Boca la usaron Lucas Viatri, Santiago Silva, Nicolás Blandi, Emmanuel Gigliotti, Cristian Pavón (en la Libertadores 2015), Daniel Osvaldo (quien jugó el primer semestre de 2015, dejó el club y volvió en un olvidable segundo paso, en el que fue expulsado del plantel por Guillermo) y ahora Darío Benedetto.

En el medio de todos estos cambios, se barajó varias veces la posibilidad de construir un estadio nuevo (algo que todavía ronda por la cabeza de varios dirigentes), se creó la categoría de socio adherente, se cerraron disciplinas y Boca jugó con camisetas rosas, verdes y violetas. El denominador común de todos estos años es uno solo: Daniel Angelici. Tal vez para Gardel 20 años no sean nada: para Boca estos 5 años fueron demasiado.

Las tardes de radio escuchando al Boca de sus amores le inculcaron una pasión por el fútbol que nunca pudo detenerse a pesar de su condición de no vidente. De chico jugaba con sus amigos, con una pelota convencional. Pero cuando descubrió que su deporte favorito era adaptable a sus capacidades, su vida cambió para siempre. Silvio Velo no sólo es el mejor jugador de la historia del fútbol sala para ciegos, también es un ícono del deporte paralímpico argentino. Y a sus 44 años, se dará el gusto de jugar en el Xeneize, en la Liga que comienza este sábado en el Cenard.

“El proyecto lo armé yo y se lo presenté a Enzo Pagani en enero”, contó Velo en MuyBoca Radio, donde también explicó de qué manera fue conformando el plantel: “Hubo un club rosarino que se desmembró y fui trayendo jugadores de ahí. También hay un par de Murciélagos retirados.Creo que tenemos un equipo competitivo, estamos para pelear”.

No se olvidó de su pasado por el clásico rival, a quien agradece y respeta, aunque sentenció: “Jugué 10 años en River pero hace 44 que soy de Boca. Si hago un gol, lo voy a festejar, pero con respeto, tengo muchos amigos ahí”. En el arranque de la Liga de fútbol sala para ciegos, se dará el histórico primer superclásico en ese deporte. Tanto Boca como River están en la zona sur -una de las cuatro en las que está dividido el torneo-, junto a Estudiantes, el Instituto Rosell de San Isidro y Huracán.

Boca viene dando pasos importantes en la incorporación del deporte inclusivo. En 2012 se creó la escuelita de fútbol para chicos con capacidades intelectuales diferentes, a través de un convenio entre Boca Social y Olimpiadas Especiales Argentina (OEA). En 2013 y 2014, Boca salió campeón de la Liga de Fútbol 5 Especial de Tigre. Además, el año pasado hubo una clínica de tenis para ciegos en el club, que contó con la presencia justamente de Velo y donde también participó Gustavo Fernández, uno de los mejores jugadores del mundo y confeso hincha del club.

En la decisión de sumarse al fútbol sala para ciegos ganan todos. Boca incorpora otra disciplina al club, después de varios inconvenientes con los deportes amateurs; a partir de la llegada de Boca, la Liga se jerarquizará y seguirá creciendo; Silvio Velo cambiará River por Boca. En el epílogo de su carrera, el capitán de Los Murciélagos sueña con ser campeón con Boca y lograr la medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de Río. Y su vida lo demuestra: los sueños se cumplen.

Cronograma de los partidos de Boca

13:30hs Boca-Estudiantes

16:30hs Boca-River

Durante el final del ciclo Arruabarrena y en el comienzo de la etapa de los mellizos Barros Schelotto, la crítica a Boca pasaba por la falta de gol. Hasta el zapatazo de Carrizo en la altura de La Paz, el Xeneize acumulaba apenas cinco tantos en 10 partidos. Sin embargo, tenía como virtud terminar con la valla invicta en varios encuentros. Justamente allí apunta el nuevo reclamo.

Los equipos alternativos en el torneo doméstico y los espacios que deja el “Boca titular” cuando ataca provocaron que de los últimos 11 encuentros al Xeneize le hayan convertido en ocho (sólamente mantuvo el cero en las victorias ante Atlético Rafaela y Racing, y el empate con River).

Donde más sufre Boca es por el lado del lateral derecho: ni el lesionado Peruzzi, ni el juvenil Molina Lucero ni el polifuncional Jara se han podido afianzar en ese puesto durante 2016. En Paraguay, ante la salida obligada de Gino y sin un ‘4’ natural en el banco, Guillermo optó por Tobio.¿Será el central ex Palmeiras una opción por la banda derecha como lo fue Roncaglia en 2011/12? Por la idea de juego de los mellizos, parecería difícil, aunque Fernando aportaría firmeza en la marca y buen juego aéreo en defensa.

Con las bajas de Lodeiro, Gago y Chávez, Boca perdió nueve de los 22 goles que convirtió en el ciclo GBS. En estas instancias donde la mayoría de los equipos no sale a arriesgar demasiado y los arcos empiezan a cerrarse, cuidar el cero comienza a ser fundamental.