Punto y aparte, vuelta de página y próximo capítulo. El 2 de enero, Boca decidió darle inicio a una nueva historia, con Gustavo Alfaro al mando y Nicolás Burdisso al poder. En los dos meses desde entonces, las caras nuevas se mezclan con las viejas para formar una especie de híbrido que busca su propia personalidad, pero que todavía repite errores del pasado.

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El camino que iniciaron el Director Deportivo y el entrenador tiene un norte claro: devolverle al club la histórica identidad que parece haberse desdibujado en el último lustro. Una tarea que, a priori, suena titánica y por demás vasta. Desde allí puede explicarse el nuevo protagonismo de Carlos Tevez, las salidas de algunos viejos miembros del plantel y las llegadas de Iván Marcone y Lisandro López, los grandes aciertos de la nueva gestión.

A ello se suma la certeza de que las individualidades en las que se apoyaba Guillermo Barros Schelotto -por caso, la capacidad goleadora de Darío Benedetto o el oportunismo de Wanchope Ábila- siguen devolviendo soluciones. Supo sostener su jerarquía de la mitad de cancha para adelante y transformarla en resultados: que este sea el mejor arranque en los últimos 15 años no es casualidad. El DT no renegó de las virtudes anteriores. Mas aún no las potenció.

Allí es donde radica el problema que heredó y que no pudo resolver en este bimestre: la fragilidad defensiva. Al Xeneize le llegan con facilidad, pero principalmente con peligro. Andrada, poco a poco, se convierte en el sostén de una última línea que no encuentra seguridad por afuera y que sufre por adentro. Llamativo, si se tiene en cuenta los pergaminos del técnico: si nunca se destacó por dar un fútbol vistoso, es porque sí lo hizo desde lo pragmático.

Boca camina por el sendero que marca Alfaro con la inercia que le dejó Guillermo. El próximo paso, entonces, deberá ser la unificación.

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“¡Gordo! ¡Gordo!”. Los gritos de Gustavo Alfaro retumban en el Estadio Julio Humberto Grondona. Iván Marcone se acerca y el DT le da algunas indicaciones. La imagen se repite una y otra vez, cada fin de semana. “Lo tiene alquilado”, dirán en la TV, porque el “reto” siempre es para la misma persona. Lo que no saben es que no es un reto, sino un intercambio de ideas casi entre pares.

Cuando a Marcone le preguntan por un técnico, él nunca duda en su respuesta. El Lechuga fue quien lo promovió a Primera cuando ya se destacaba en la Quinta, esa que compartía con Hugo Nervo y Darío Benedetto. Era fines de 2007. El DT dejó el club a mediados de 2008 y no lo pudo hacer debutar, pero volvió en 2010 para cosechar lo que había sembrado. Juntos, levantaron tres títulos en cuatro años. De los 181 partidos que dirigió a lo largo de ese ciclo, el volante disputó 162, 161 como titular.

Los que lo vieron correr en las canchas de Rafaela aseguran que Alfaro ya era un futbolista con personalidad de entrenador. Jugaba de volante central: era bueno técnicamente, pero, para la divisional en la que jugaba -la liga rafaelina-, su mejor virtud era el quite y el primer toque. Así moldeó a quien será su nuevo refuerzo en Boca. A su imagen y semejanza.

Marcone aporta orden y simplicidad, algo que al Xeneize le costó encontrar en los últimos años en sus mediocampistas. Está acostumbrado al doble cinco y al 4-2-3-1 que quiere imponer el DT. Conoce sus virtudes y sus limitaciones. “Su llegada tiene que ver con la identidad que queremos crear”, explicó Nicolás Burdisso. No es casualidad que hayan elegido a uno de los hombres de mayor confianza del DT.

¿Quién mejor que él, entonces, para describir por qué lo pidió tanto para el armado de su nuevo plantel? «Iván es un líder natural y tiene la autoridad suficiente para liderar al equipo. Maneja las diagonales a la perfección y tiene mucha lectura de juego. Se anticipa a lo que sucede, puede repartir, recuperar y tiene la capacidad de soportar el medio solo», explicó Alfaro al diario Récord, cuando el jugador desembarcó en Cruz Azul.

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Dos títulos. 55 triunfos. 26 empates. 19 derrotas. 191 puntos. Una eficacia del 63%. ¿Cuántas veces se ha escrito sobre las indiscutibles estadísticas de Guillermo Barros Schelotto?  Las suficientes. ¿Cuántas veces ha sido cuestionado a pesar de ellas? Las necesarias. El Mellizo llegó a los 100 partidos como entrenador y es un hito que no debe pasarse por alto para comprender la realidad a la que apuesta Boca: solo otros dos DTs -Gallardo y Falcioni- están hace tiempo como él en el cargo.

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Guillermo dirigió su primer encuentro el 3 de marzo de 2016. Pasaron desde entonces más de 900 días (914, a este lunes 3/09 de 2018), de los cuales se sostuvo como líder del torneo local durante 617 (el 67% de su estadía en la institución). Tan elogiado como cuestionado, su mano se ve en un aspecto tan importante como lo puede ser el estilo de juego del Xeneize: la administración del plantel.

Jerarquizó la plantilla con incorporaciones de Selección. Potenció futbolistas. Manejó egos para que no le explotaran en las manos situaciones límite (el caso Tevez y Zárate vale como ejemplo). Mantuvo a los suplentes metidos para que sean competitivos. Encontró reemplazantes para las ausencias de sus piezas más importantes. Convenció a los que se querían ir para que se queden, y así, no desarmar lo ya formado. ¿Una deuda en este apartado? Mayor presencia de juveniles. Eso sí: los que subieron ya se proyectan en Europa.


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Desde la primera etapa de Carlos Bianchi (1998 – 2001) que ningún entrenador duró tanto tiempo en el cargo. Ni el propio Virrey, en sus dos excursiones siguientes, ni Miguel Ángel Russo, último campeón de la Copa Libertadores, ni Julio César Falcioni, finalista en 2012, ni Alfio Basile, que ganó todo lo que disputó. Boca se reencontró, 15 años después, con lo que en el país no abunda: un proyecto.

El 28 de noviembre llegará a los 1000 días como DT. El 28 de noviembre se juega la final de la Libertadores. ¿Será una señal?

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En diciembre de 2016, el dólar costaba poco más de 16 pesos, el entrenador de la Selección argentina era Edgardo Bauza y los Rolling Stones presentaban su último disco de estudio. En diciembre de 2016, Boca agarraba la punta del campeonato argentino tras ganarle a River en el Monumental con un Carlos Tevez que agigantaba su idolatría antes de dinamitarla y un Walter Bou que amagaba con robarle el puesto a Darío Benedetto. Fueron 617 días desde aquel 2-4 en Núñez hasta este 2-0 en Quilmes en los que pasó de todo, menos el Xeneize en la segunda posición del fútbol argentino.

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En este año y ocho meses, Carlitos se fue a China y volvió. Gago, Benedetto y Fabra se rompieron la rodilla. La ’10’ pasó de Centurión a Cardona; la cinta de capitán, a Pablo Pérez, y la cuota goleadora, a Wanchope Ábila. Goltz se asentó en el fondo y se aceptó una oferta de 10 millones por Magallán, que finalmente no prosperó. Pavón se convirtió en figura, fue convocado para ir al Mundial y su cláusula pasó a costar 50 palos verdes. Llegó Rossi, se ganó la titularidad en el arco, fue cuestionado y la terminó perdiendo.

Para contextualizar: el equipo de Guillermo Barros Schelotto disputó 46 partidos entre aquella temporada 2016/17 y la actual por torneos locales. Fueron 30 victorias, nueve empates y siete derrotas, es decir que consiguió el 71% de los puntos en juego para consagrarse bicampeón. Una campaña que, entre otros hitos destacables, tuvo dos triunfos sobre el el clásico rival en el Monumental, al máximo goleador del primer certamen y al mejor jugador del segundo.

En tiempos en los que se cuestiona la mano del entrenador, vale la pena recordar que el Mellizo consiguió uno de los bienes más preciados por estas latitudes: la regularidad. Si de comparaciones se trata, River, Independiente y Racing no se clasificaron a la Libertadores del 2019 y nunca ninguno de los grandes le peleó palmo a palmo alguno de los dos títulos a Boca. Además, se jerarquizó el plantel y se lo potenció. ¿Tiene deudas pendientes? Seguro. Pero ahora que la racha terminó, tal vez sea un buen momento para empezar a reconocerla.

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Mientras acaricia la Superliga y se acomoda en su grupo en la Copa Libertadores, Boca festeja. Porque a pesar de estar siempre cuestionado desde su rendimiento, al Xeneize le sobran los motivos para tomarse al menos un día para celebrar un logro récord en el fútbol argentino: mantenerse en lo más alto durante 500 días no es para cualquiera.

Desde aquel 12 de diciembre de 2016, el equipo de Guillermo Barros Schelotto lleva disputados 41 partidos. Son 27 triunfos, siendo el más ganador, siete derrotas, el que menos perdió, y siete empates. Lleva, desde entonces, 88 puntos: si se sumara una tabla acumulada desde entonces, estaría a 13 unidades de River, su escolta. Además, con 74 goles a favor (1,8 por cotejo) y solo 30 en contra (menos de uno por encuentro), es el más goleador y el menos goleado. Además, en cada torneo de manera individual se destacó por lo mismo.

De esos 74 tantos convertidos, Cristian Pavón participó en 26, es decir, en el 35%. Son 10 festejos y 16 asistencias, siendo, así, el que más pases gol dio -siete más que sus perseguidores-. Además, Kichan es el único que jugó los 41 duelos (todos como titular), en los que lleva 3605 minutos (solamente Guido Herrera, arquero de Talleres, tiene más minutos que él), por lo que solo se perdió 85′, producto de las veces que el DT decidió sustituirlo.

Por detrás suyo aparece Agustín Rossi, quien estuvo presente en todos los choques por torneos locales desde que llegó: son 40 partidos al hilo desde el arranque, en los que mantuvo su valla invicta en 19 oportunidades (casi la mitad). Para contextualizar, Darío Benedetto disputó 25 encuentros y Fernando Gago, apenas 18. Eso sí: el Pipa, con 23 goles, sigue siendo el máximo anotador durante este período de tiempo, con seis cotejos menos que su más inmediato perseguidor (Lautaro Martínez, con 19 en 19).

Siempre cuestionado, Boca lidera toda estadística que se le cruce. Sus detractores dirán que lo consiguió por no tener doble competencia, pero el Xeneize convirtió esa desgracia en una virtud y se hizo cargo de la responsabilidad que le tocó ocupar: consagrarse durante la temporada pasada y quedar a un paso del bicampeonato, algo que no se da desde hace más de una década.

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Cierto es que el rival no fue la medida ideal. Que Arsenal, con el respeto que se merece, no es aquel de hace unos años atrás y que, lejos de incomodar, lucha por mantenerse en la máxima categoría. Sin embargo, ante una coyuntura compleja, sin la columna vertebral de un equipo que hasta hace dos meses salía de memoria y que ahora lucha ante sanciones y lesiones, Edwin Cardona demostró toda la jerarquía que tiene en sus pies, tal vez por primera vez en lo que va del semestre, para devolver a Boca a la victoria y sostenerlo en la punta de la Superliga.

Desde su llegada, Guillermo Barros Schelotto había decidido que el colombiano fuese uno de los extremos, estacionado en la izquierda del ataque. Él cumplió: firme en ese lugar, generó una atractiva sociedad con Frank Fabra y mostró algunos destellos de lo que todo lo que tiene en su repertorio. Pero nunca terminó de despegar, en gran medida por estar atado a la posición, la cual lo aislaba durante grandes porciones de los partidos. Sin Pablo Pérez -y casi sin otros mediocampistas disponibles-, el Mellizo optó por hacerlo retroceder unos metros y, ahí sí, se observó su mejor cara.

Libre de culpa y cargo, Cardona se movió por todos lados. Estuvo en la izquierda, pero también en la derecha. Fue el cerebro en la salida, acercándose a buscar la pelota casi a los pies de Wilmar Barrios, y también en la terminación, con la asistencia a Guido Vadalá y el gol sobre el final. Sus números, de hecho, estuvieron por encima de su propia media en esta temporada: dio 51 pases, casi el doble de lo que promediaba hasta el momento, con un 76% de efectividad (hasta este encuentro alcanzaba un 75%); remató siete veces al arco, duplicando también su marca habitual en otras fechas; y generó cinco ocasiones claras, la misma cantidad que había materializado a lo largo de todo el certamen.

El Xeneize cerrará el año ante Estudiantes en La Plata, con el regreso de Pérez y, seguramente, el retorno de Edwin a la línea ofensiva. Con él en el medio, el conjunto de Guillermo recuperó lo que había perdido con la ausencia de Gago y tuvo a un jugador determinante. Delantero o volante, el ’10’ elevó la vara y le dio una nueva tarea al DT: hacerlo repetir la función del último domingo para cerrar en soledad en lo más alto de la tabla.

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Boca perdió dos partidos seguidos y se lesionó Darío Benedetto. En cualquier otro momento, los titulares expondrían la «intensa crisis que atraviesa el plantel«. Pero en tiempos de paz está prohibido dramatizar: el Xeneize sigue puntero y Guillermo Barros Schelotto tiene en donde apoyarse para mantenerse positivo, aunque la solución real solo la tiene el paso del tiempo.

El equipo se torció. Lo que se perfilaba para ser un semestre récord, en el que hasta los más aventurados se animaban a anunciar que el torneo ya tenía un campeón a pesar de que faltaran 20 fechas, terminó en un espiral de mala suerte: ante Rosario Central, sufrió la baja de Leonardo Jara en la semana, la de Walter Bou minutos antes de que arranque el partido, a los tres minutos del primer tiempo ya iba perdiendo 1-0 y, para colmo, sufrió la -infantil- expulsión de Paolo Goltz.

Es cierto: no todo es azar. Ante las Academias, el conjunto de los Mellizos no funcionó como en aquellos primeros encuentros y entró en un juego que no lo favorece. Sustituir al Pipa y a Pintita es, por supuesto, el principal motivo del bajón, pero, de a poco, los rivales le empiezan a sacar la ficha a lo que plantea el DT, que insiste con una idea que le dio abultados resultados, pero que sin sus principales intérpretes tambalea. Si hubo un momento para buscar alguna variante, es ahora, con solo dos jornadas por disputarse.

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«El plantel debe reemplazar cualquier ausencia. Más allá de las las lesiones, debemos seguir siendo Boca», zanjó Guillermo. Contra Arsenal, el Xeneize no contará con Goltz, Pérez (cinco amarillas), Benedetto, ni Gago. Habrá que ver si llega Bou y qué pasa con Jara. El tiempo cura todo. Y lo que no cura, lo emparcha: Wanchope Ábila está en camino en conjunto con algún que otro refuerzo que ya empieza a sonar -¿Carlos Tevez? ¿Walter Montoya?-. Para sacarse la mufa, nada le vendrá mejor que el final del 2017.

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Los mercados de pases previos a una Copa del Mundo suelen ser particulares. Jugadores de jerarquía que dejan sus equipos de primer nivel por otros menos importantes y clubes de élite que son rechazados por futbolistas que, en otro momento, ni siquiera lo pensarían. En definitiva, el objetivo es el mismo: sumar minutos para mostrarse y que los seleccionadores nacionales los tengan en cuenta para conformar la definitiva lista de 23 nombres que terminarán viajando al Mundial. En la segunda encrucijada es en la que, posiblemente, se encuentre Cristian Pavón dentro de algunos meses.

Si Guillermo Barros Schelotto fue quien le dio la confianza para ser titular indiscutido en Boca, él se la devolvió con un año inigualable. Tras un 2016 en el que le llovieron los cuestionamientos por su falta de precisión a la hora de terminar las jugadas, el 2017 lo encontró mucho más fino y maduro. Lleva disputados los 27 partidos que el Xeneize jugó a lo largo de estos once meses (los 16 del segundo semestre de la temporada pasada, ocho por la Superliga actual y los tres de la Copa Argentina) en los que marcó seis tantos y dio 12 asistencias.

Semejantes números lo llevaron directo a la Selección argentina de la mano de Jorge Sampaoli. Tuvo su debut ante Rusia, en el que le alcanzaron 12 minutos para asistir a Sergio Agüero, autor del único gol en Moscú. Tres días más tarde, fue titular contra Nigeria: jugó todo el cotejo y le volvió a servir en bandeja el 1-0 al Kun (finalmente, fue derrota 4-2). Una primera impresión de lujo que lo mete de lleno en el pequeño listado de aquellos que pelearán por un lugar en la convocatoria definitiva.


Ahora bien, que a Pavón lo quieren desde hace rato no es ninguna novedad. Lo sondeó PSG hace un tiempo y Zenit le hizo una oferta de 18 millones de euros hace solos algunos meses. La dirigencia trató de blindarlo con una cláusula de 30 millones de dólares, cifra pagable para más de un gigante europeo. Las únicas certezas que tiene el ‘7’ es que bajo la tutela del Mellizo mostró su mejor versión, que tiene el lugar asegurado (desde mediados de 2016 que no se pierde ni un encuentro) y que, mientras mantenga el nivel, Sampa lo estará observando. Europa, en cambio, es un signo de pregunta: no tendrá asegurados los minutos que tiene en el conjunto de Guillermo ni, mucho menos, la adaptación a otro país y a otro estilo de juego.

Cristian cumplirá 22 años en enero y tendrá, con seguridad, más de una chance para irse a alguna de las ligas más importantes del mundo y continuar su crecimiento. Pero los Mundiales son cada cuatro años y ya están contados.

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Torneo Final 2013, fecha 9. El Arsenal de Gustavo Alfaro visita al River de Ramón Díaz, que atraviesa su segundo campeonato en Primera tras el descenso, en el Monumental. A los 14 minutos del primer tiempo, Damián Pérez encara a Maidana y saca un centro para que Darío Benedetto anticipe a Balanta y ponga el 1-0. Aquella fue la única vez que el Pipa le convirtió al Millonario: este domingo, otra vez como visitante, tendrá su segunda oportunidad de lograrlo con la azul y oro puesta.

Marcarle al eterno rival es la única deuda que el goleador tiene aún en Boca, si es que alguna se le puede achacar. Fue el máximo artillero en la última temporada -21 goles en 25 partidos-, logro lo que no conseguía un futbolista del Xeneize desde Martín Palermo en 2007, y en éste lleva ya ocho gritos (si se le computan los dos del domingo). Además, tiene en total 34 tantos en 40 encuentros y, en lo que va del 2017, sus números están a la altura de cualquier estrella europea: anotó 25 veces en 26 cotejos, lo que le da un promedio de casi un festejo cada 90 minutos.

Durante el último torneo, Benedetto se ausentó por lesión cuando el conjunto de Guillermo Barros Schelotto visitó al de Marcelo Gallardo. Fue 2-4, con una actuación estelar de Carlos Tevez. En abril, y ya sin el Apache, sí le tocó ser titular en lo que terminó siendo derrota por 1-3 en La Bombonera. Sin el ’10’, los focos estaban puestos en el ‘9’, pero el equipo no tuvo su mejor actuación -especialmente en el primer tiempo- y a él le negaron la chance de convertirse en héroe: tras el 1-2 de Gago de tiro libre, Martínez Quarta le sacó una pelota en la línea que bien podría haber sido el empate transitorio.

Mientras en Europa le abren las puertas y él no se las cierra, el Superclásico aguarda un gol suyo. Es el único ítem que le falta tachar antes de irse. En el primer semestre de 2018 ya no habrá otro cruce oficial (salvo que vuelvan a enfrentarse en la Libertadores). Después, el Mundial y, si continúa en el club, otro cambio de calendario en el fútbol argentino. ¿Será su última oportunidad?

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Desde que empezó el 2017, Guillermo Barros Schelotto pudo volver a imponer la idea de juego que lo llevó a triunfar en Lanús y que por distintos motivos no pudo aplicar hasta ese momento en Boca. La salida de Carlos Tevez le abrió la cancha al Mellizo y le permitió armar un 4-3-3 bien vertical, que, luego, mutó en uno cuya mejor cualidad pasó a ser la posesión de la pelota. Sin embargo, las lesiones de Fernando Gago y de Wilmar Barrios lo obligarán a cambiar el esquema sin modificar tanto el estilo.

Aunque el colombiano no esté del todo descartado y quieran exigirlo para ver si llega al encuentro con Belgrano, lo cierto es que también se piensa en cómo reemplazarlo. Y la variante que parece picar en punta es la del cambio de sistema: de los tres volantes y los tres delanteros, el cuerpo técnico evalúa pasar al 4-2-3-1, como en el segundo en el semestre del 2016.

«El equipo va a tener que reemplazar a Gago, como lo hizo con Tevez y Centurión», explicó hace algunas semanas el entrenador. Ante Patronato, su ausencia se notó: por más que el Xeneize no entregó sus formas, le faltó ese diferencial pase entre líneas que le aportaba Pintita.

Contra Belgrano, entonces, los cambios serán posicionales: Pablo Pérez y Nahitan Nández harán de «doble cinco» y conformarán el tándem que intentará hacer olvidar a Barrios, mientras que Edwin Cardona pasará a jugar como enganche para ocupar las funciones que el ‘5’ dejó vacante, con Espinoza y Pavón a sus costados.

En un octubre espectacular desde los resultados y la estadística, pero nefasto en casi todo lo demás, Guillermo busca variantes para que este Boca se doble pero no se rompa.

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