Los que saben de Inferiores hablan de cuatro momentos en la carrera de un futbolista: captación, formación, promoción y consolidación. Boca, a pesar de que hayan intentado convencernos de otra cosa, trabaja bien y muy bien las tres primeras fases desde hace un cuarto de siglo. Basta repasar nombres, trayectorias y cotizaciones, desde Tevez hasta Paredes. La parte más difícil es la última: conseguir que un jugador, con suficientes capacidades técnicas y físicas para subir toda la escalera, se afirme en Primera. En eso anda el club, sin resignar sus ambiciones de competir en el más alto rango.

Hoy Boca tiene a dos canteranos que parecen titulares fijos: Almendra y Weigandt. Uno debutó en 2018 con Barros Schelotto, el otro en 2019 con Alfaro. Ambos atravesaron instancias que ayudan a la maduración de un profesional: aparición prometedora, lesiones inoportunas, conflicto contractual en un caso, cesión a préstamo en el otro, comentarios hirientes en las redes (¿nadie leyó que a Almendra le decían gordo y lento, entre peores adjetivos?). Son situaciones que deberán superar algunos otros de sus compañeros para asentarse en el 11 inicial o incorporarse a la rotación.

Si pretendemos que Molinas maneje al equipo como Riquelme, meta más goles de tiro libre que Cardona o cabecee mejor que Potente, es probable que nos genere una rápida decepción. Hay que acompañar pacientemente su evolución, apoyándolo en una Bombonera con aforo permitido (no vaya a ser que se moleste un funcionario judicial) o al borde de una autopista si le toca volver a la Reserva. Mientras vista la camiseta de Boca, será merecedor de aliento.

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Cuando decimos que la Bombonera pesa y la gente juega no se trata de una opinión sentimental, sino de datos concretos. Boca jugó 28 partidos con su cancha vacía, desde el 0-0 ante Libertad (Copa 2020) hasta el 1-0 a Colón por el actual torneo. Ganó 10, igualó 13 (incluimos el 0-0 ante Atlético Mineiro, cosa de que no se enoje el comunicador José Chatruc) y perdió cinco, para redondear un 51,2% de efectividad. Si tomamos en cuenta las últimas 28 actuaciones con público, el récord es de 20 victorias, seis empates y dos derrotas: ¡78,6%!

Anoche el respaldo creció en los momentos más difíciles, después de que Lanús hiciera un gol en su primer tiro al arco y metiera otro cuando no solo le costaba llegar sino agarrar la pelota. No es lo mismo para Molinas sentir el calor de una ovación cuando va a tirar un córner o para Weigandt escuchar los aplausos antes de un lateral. Y también le sirve a Rossi saber que retiene apoyo popular, al margen de una actuación deficiente: dale Boca que no ha pasado nada.

Hay varios jóvenes en el equipo y otros que todavía lo son aunque tengan ya largas campañas. Es la situación de Pavón: 25 años, 154 presencias, 34 tantos -ayer el primero de penal- y mucho esfuerzo. El cordobés quedó a un gol de los 35 convertidos por Maradona con la camiseta azul y oro. Lejos de buscar paralelos con alguien sin parangón, hoy Cristian es de los mejores del plantel. Y puede seguir progresando si sus corridas, algunas bien terminadas y otras más o menos, reciben el agradecimiento incomparable de una Bombonera llena.

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En el primer clásico del año, un 2-2 útil para clasificarse a la final de la Copa Maradona, Boca jugó 22 minutos con uno menos. En el segundo, otro empate en uno, estuvo desde los 68 hasta los 78 en desventaja numérica. No hace falta recordar antecedentes: abundan entre 2014 (penal más roja a Gago por mano ficticia) y 2019 (afuera Capaldo por VAR). Aun con toda esa jurisprudencia, tras dos eliminaciones consecutivas, desde paneles de TV gritaron por arbitrajes perjudiciales a River. Y algunos que cacarearon de lunes a viernes fueron premiados el domingo con su presencia en la transmisión oficial.

La expulsión de Rojo comenzó a gestarse dos meses antes, cuando fue amonestado por Loustau en la Copa Argentina. Esa patada se repitió más veces que el segundo gol de Diego a Inglaterra y alfombró el camino para que Rapallini -el mismo que fue capaz de burlarse de plantel y cuerpo técnico de Boca por una derrota- echara a uno de los líderes del equipo cuando se había disputado un cuarto de hora y se empezaba a cumplir un modesto plan: pelear en el medio, superar la presión con pelotazos y esperar que la histórica impaciencia de la platea San Martín, con aforo habitual, contagiase a los rivales.

Rossi, determinante en cruces anteriores, tuvo responsabilidad en los goles. De Roma para acá les ha sucedido a todos: será clave su fortaleza mental para recuperarse. Una buena señal dio en el segundo periodo, salvando una llegada mano a mano. Si Boca no recibió goles en esa etapa y hasta hizo uno en el único córner a favor, da para pensar que 11 contra 11 podría haber sido otro el resultado. ¿Y si hubiera habido más pibes? Como se dieron las cosas y como era previsible que ocurriera desde la designación de un juez con el cual River lleva 24 partidos invicto, mejor que no hayan ido de entrada.

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Nunca un Superclásico es un partido más pero el de este fin de semana se destaca por varios factores. Será el primero de Battaglia como entrenador, héroe de muchos como jugador que ahora tendrá que afrontarlo desde el costado de la cancha. Y también será el primer partido con público después de dieciocho meses de pandemia, a punto tal que muchos jóvenes jugarán sus primeros minutos con gente en la tribuna.

En ese contexto, el entrenador Xeneize debe definir el equipo. Battaglia tiene ocho fijas: Rossi, Advincula, Izquierdoz, Rojo, Fabra, Campuzano, Almendra y Orsini. Dos de las tres dudas presentan la dicotomía: ¿el momento de los pibes o la experiencia de los veteranos para esta clase de partido caliente? ¿Qué elegirá el entrenador de Boca?

La primera duda, yendo de atrás para adelante, se presenta en el mediocampo. El puesto de ‘8’ parece estar vacante tras el casting de los primeros partidos del ciclo Battaglia. Arrancó Medina, jugó el Pulpo González, incluso hasta Juan Ramírez y en los últimos partidos el juvenil Rodrigo Montes comenzó a tener rodaje. Hoy las opciones parecen ser Medina, Montes o el Pulpo. Los tres llegan al área, Medina y Montes ya convirtieron a pesar de sus pocos partidos y González lo hizo ante Mineiro (anulados por el VAR); los juveniles aportan una dinámica propia de la edad pero el Pulpo tiene la experiencia y el roce de los partidos calientes. Esto último inclinaría la balanza por el ex Lanús.

Más adelante en el campo se presenta la otra incógnita: el puesto de enlace. La opinión general pide más minutos para Molinas y el pibe se los merece: ha tenido vital importancia en varios de los últimos goles de Boca, aporta frescura y junta pases cada vez que está en cancha. Parece que no le pesa la responsabilidad. Pero Battaglia apostaría a la jerarquía de Cardona. El colombiano no necesita noventa minutos al más alto nivel, un pase o una pelota parada le alcanzan para romper cualquier partido, e incluso sabe que lo que es meter un gol de tiro libre en el Monumental.

Por distintas razonas, Boca lleva un proceso donde los juveniles suman minutos en la Primera, pero en otro partido importante, como lo fue el primer mano a mano de eliminación ante Patronato, Battaglia optó por la experiencia de los grandes. Sebastián sabe mejor que nadie lo que es ser un pibe y jugar partidos determinantes en Boca.

Entre diciembre de 2016 y agosto de 2018, en la permanente búsqueda de desprestigiar a un equipo que fue líder durante 46 fechas consecutivas, algunos medios empezaron a publicar tablas parciales, segmentadas, por estaciones… Si aplicáramos ese mismo criterio, diríamos que solo Talleres, con 19 de los últimos 21 puntos, sumó más que el Boca de Sebastián Battaglia (cinco triunfos y dos empates en el torneo desde la agónica victoria sobre Patronato).

Sabemos que el resultado del próximo domingo condicionará la evaluación de este incipiente ciclo, pero ya se puede afirmar que la actual gestión tomó decisiones razonables: fortaleció los aspectos positivos del período anterior e intenta disimular las carencias conocidas. La solidez defensiva es un bien preciado. Arriba se hace lo posible con los recursos existentes. Las cuatro opciones de ataque (Pavón, Briasco, Vázquez y Orsini) convirtieron cinco goles.

El doble de esa cifra anotaron Álvarez y Romero, delanteros del futuro rival. Se los deberá marcar con atención, sin excesos que impliquen el riesgo de una amonestación. En ese aspecto es digno de elogio el compórtamiento del clásico adversario: acumula dos partidos completos sin recibir siquiera una tarjeta amarilla. ¿Rojas? El entrenador le pide que se ponga duro y rompa tobillos. Por suerte, Carlitos Tevez se retiró sano.