Carlos Bianchi lamenta aquellos cruces de cuartos en la Libertadores 2013. Aún hoy piensa que si Boca vencía en la maratónica definición por penales, después de una serie sin goles, se quedaba con la Copa. El incomparable DT tropezó contra la mejor versión de Newell’s en mucho tiempo, tanto que esa formación dirigida por Gerardo Martino fue elevada al nivel de un Barcelona (no del actual). Los rosarinos constituyeron una valla insalvable para el Virrey en su tercer ciclo: seis partidos y ninguna victoria.

Desde la asunción de Rodolfo Arruabarrena en el cargo, Boca y Newell’s jugaron en nueve oportunidades. Hubo siete victorias xeneizes y dos empates. Si adaptáramos un hashtag que suele circular en las redes sociales, podríamos advertir: #TampocoSeMetanCon Bianchi.

Como varios en el fútbol argentino, la Lepra reivindica su condición de clásico adversario. Ciertamente, desde la épica final (épica en serio) de la Liguilla 86, ha habido choques dignos de memoria entre ambos. Una particularidad es que la mayoría de los últimos se ha dado en escenarios de crisis, sobre todo para quienes están desesperados de que la haya. En 2015, por ejemplo, Boca venía de dos derrotas consecutivas. En 2016 estaba en duda la continuidad del Vasco. En 2017 parecía que River se llevaba el título de arremetida. En 2018 el equipo de Guillermo acababa de perder dos seguidos. En 2020 también. Ahora explotaba todo. Boca ganó siempre.

La presencia de Izquierdoz para imponerse en las dos áreas, la seguridad de Andrada y el aporte de los pibes de las Inferiores, vitales en un mercado restringido, fueron las noticias más favorables. El domingo arrancó triste y terminó con tres puntos en honor de Don Segundo Tevez, laburante y boquense.

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Dos hechos vuelven extraordinaria la carrera de Oscar Miguel Malbernat: fue capitán del Estudiantes campeón mundial en Manchester y vino a Boca para pelear el puesto con Rubén Suñé y Silvio Marzolini. Cacho empezó como zaguero en las Inferiores pincharratas. En Primera se consolidó como lateral, con gran timing para barrer y despojar al wing que pretendía eludirlo. Aunque era diestro, jugó más de 3 porque de 4 estaba el también destacado Eduardo Luján Manera.

Presente en 26 de los 31 partidos que los platenses disputaron en las Libertadores de 1968 a 1971, alcanzando las cuatro finales y solo perdiendo la cuarta ante un bravísimo Nacional uruguayo, Malbernat se sumó al masivo éxodo producido en el club tras la salida del técnico y maestro Osvaldo Zubeldía.

A Boca llegó acompañado por Carlos Pachamé, volante central zurdo, de gran sentido táctico, luego asistente del Doctor Bilardo en la Selección. A Pacha se lo reconocía por dos características: doblaba hasta la mitad las mangas de su camiseta larga, aunque se tratara de la peor noche invernal, y su apretón de manos podía desintegrar un ladrillo.

Les costó a Malbernat y Pachamé conseguir un lugar en la formación xeneize, dirigida por el chileno Fernando José Riera Bauzá. El equipo arrancó a todo vapor en el Metropolitano, con goleadas de visitante a Ferro (5-0), River (4-0), Estudiantes (7-1) y un épico 3-2 a Lanús en la Bombonera (0-2 hasta los 28 minutos del segundo tiempo).

El estreno oficial de Oscar fue en la banda izquierda un 9 de abril en Liniers, con categórico 4-1 a Vélez. El juvenil Roberto Mouzo (19 años) controló al peligroso Carlos Bianchi y el correntino Ramón Ponce dejó literalmente incrustada la pelota en un parante, con un magnífico tiro libre. El rendimiento boquense declinó en esa primera rueda y continuó bajo durante la segunda, al margen de un festejado 4-2 al Independiente que iniciaba su dominio en América.

La etapa azul y oro de Malbernat concluyó en el verano de 1973. En un mercado de pases con abundancia de canjes, Boca lo cedió a Racing junto con el santafesino Oscar Víctor Trossero -goleador de las Inferiores- para traer a un volante de muchos rulos y despliegue que escribiría historia larga en la institución: Jorge José Benítez. Sin Malbernat ni Suñé y retirado Marzolini, se confió en otro aguerrido marcador de origen pincha para los costados. Salió bien. Con 23 años, el cabello largo y sin bigotes, Vicente Alberto Pernía se instaló en La Boca.

Como tantos discípulos de Zubeldía, Malbernat se diplomó de entrenador. Anduvo por el ascenso (Argentino de Quilmes, Morón, Sarmiento) y varias plazas de Conmebol (Paraguay, Ecuador, Chile y Perú). Aquí en Primera solo dirigió a Estudiantes.

Cacho falleció en agosto de 2019, a los 75 años. Tres meses más tarde se supo sobre la existencia de una hija extramatrimonial, María Virginia Brizuela, quien reclamaba derechos en la sucesión. Extrañamente, los medios desaprovecharon la oportunidad de titular la noticia como tanto les gusta: “Escándalo con la herencia de un ex jugador de Boca”.

El tercer mercado de pases del Consejo de Fútbol encabezado por Juan Román Riquelme repite la tónica de los anteriores: búsqueda de oportunidades, poco gasto e intención de no desarmar el equipo titular. La llegada de Marcos Rojo, con el contrato en su poder, fue la única alta, luego de que el lateral derecho Felipe Román llegó a hacerse la revisión médica pero no la superó por un problema cardíaco detectado en la misma.

En el rubro bajas Boca no tuvo ventas, solo cesiones. Bajo ese formato la salida de más renombre fue la de Gastón Ávila a préstamo a Rosario Central. El joven defensor que sumó muchos minutos en la Copa Maradona buscará seguir ganando experiencia y evitará quedar tapado por la llegada de Rojo. Además salieron a préstamo los juveniles Enzo Roldán (Unión), Gastón Gerzel (Platense) y Ayrton Sánchez (Central Español de Uruguay).

La tercera ventana de transferencia de la “Gestión Riquelme” confirma un modo de negociar. Boca va en búsqueda de opciones a bajo costo, como la llegada de Marcos Rojo, Javier García o el Pulpo González con la intención de no hacer grandes erogaciones de dinero. En tres mercados, la compra más onerosa fue la de Carlos Zambrano: en enero del 2020 el Xeneize pagó 1.6 millones de dólares al Dinamo de Kiev.

Esto va de la mano con la política de salidas. El Consejo buscó no desarmar el núcleo del equipo de Russo, aunque en mercados anteriores sí se desprendió de varios futbolistas de recambio. En tres ventanas, la salida más rimbombante fue la de Pol Fernández: aunque su permanencia tenía fecha de caducidad, con su partida Boca sufrió una baja importante en medio de la competencia. En cuanto a ventas, sólo Bebelo Reynoso llenó las arcas Xeneizes con su salida a la MLS por alrededor de 5 millones de dólares.

Boca ficha poco, busca jerarquía, pero no siempre obtiene lo necesario. Hace tres mercados que tiene en el radar un ’9’ y todavía no lo puede concretar, mientras que era imperioso traer laterales porque tres de los cuatro actuales del plantel quedarán libres en cuestión de meses (Jara, Buffarini y Más) y no hubo refuerzos. Al mismo tiempo, llega un jugador de jerarquía mundial como Rojo, y se le da continuidad a un equipo y a un entrenador intentando que sea la clave del éxito. Ya con dos títulos en el bolsillo, ¿adónde llegará el barco comandado por Román y el resto del Consejo de Fútbol?