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En los 40, década de oro del fútbol y del tango, los cinco grandes se repartieron alegrías. San Lorenzo de Almagro, campeón en 1946, alineó una de las formaciones más recordadas de su historia. Tal vez algún simpatizante veterano le reprocha todavía que no haya podido vencer a Boca: conocemos la idiosincrasia de esa gente.

El primero de los tres partidos del año fue en la Bombonera, con victoria 2-1. Mario Boyé y Pío Corcuera marcaron para los locales, René Pontoni para el visitante (Boyé y Pontoni, una vez retirados, abrieron en sociedad La Guitarrita, pizza a la piedra en un local de Belgrano adornado con fotos y banderines). Aquella tarde del 28/07/46 jugó por segunda y última vez con la camiseta xeneize el half Rodolfo Smargiassi, valor de las Inferiores relegado por los fenomenales Carlos Sosa y Natalio Pescia. Persuadido de que sus chances eran mínimas y sin la intervención de los todavía desconocidos representantes, armó el bolso y se mudó a La Plata en 1947.

Palito -apodo vinculado con su delgadez- se volvió un insustituible en Gimnasia. Entre el 26 de junio de 1949 (pasaron cosas los 26 de junio…) y el 27 de diciembre de 1958, disputó 306 encuentros consecutivos con el escudo mensana. No hace falta haberlo visto para destacar como ejemplares su condición física y su comportamiento deportivo. Los compañeros más habituales de Rodolfo en la vieja línea media de entonces fueron Ángel Schandlein y Rafael Arcos. Como ya deducen los lectores de esta columna, ambos también jugaron en Boca.

Le tocó una época brava a Smargiassi. Además de las habituales desventuras futbolísticas del Lobo, incluido un descenso en 1951, el club quedó preso de la grieta política de aquellos tiempos turbulentos. En 1952, tras el fallecimiento de María Eva Duarte de Perón, se rebautizó a la capital bonaerense -por impulso de la CGT- con el nombre de la Abanderada de los Humildes. Reunidos en asamblea, socios triperos acompañaron la iniciativa y resolvieron que la entidad pasara a llamarse Gimnasia y Esgrima de Eva Perón. Distinta actitud tomaron los vecinos de Estudiantes, agravando antiguas diferencias de origen: el club de los laburantes del frigorífico vs. el de los jóvenes de la universidad.

“Campeón, campeón, Gimnasia Eva Perón”, se cantó en los tablones de 60 y 118 luego de la victoria sobre Colón y el ascenso de 1952. Al año siguiente se fue a la B el clásico rival, una desgracia inevitablemente asociada a la poca simpatía que el Pincha generaba en la administración justicialista. Smargiassi continuó su carrera al margen de estos avatares y terminó como uno de los grandes símbolos de GELP, que obviamente recuperó sus tradicionales siglas después del golpe de Estado de 1955.

En Boca vale debatir quién ha sido el más relevante entre los gimnasistas que vinieron al club: Pancho Varallo, el Loco Gatti y el Mellizo Guillermo, por estricto orden cronológico, integran ese podio. Y merece una mención el mendocino Roberto Domingo Rogel. En el caso inverso no existe discursión: Palito Smargiassi es el número uno entre los de cuna boquense que se radicaron en el Bosque.

Estrella joven, sindicalista visionario, tanguero ferviente, discutidor tenaz y maestro generoso, Adolfo Alfredo Pedernera -como casi todos los notables del fútbol argentino- dejó huella en Boca.

Nació en Avellaneda e hizo Inferiores en Huracán. Debutó en la Primera de River antes de los 17 años, fue centrodelantero de la promocionada Máquina (algún día refutaremos contenidos de esa fábula mediática) e ideólogo de Futbolistas Argentinos Agremiados.

Enemistado con Labruna, disidencia interna poco difundida, Pedernera pasó en 1947 a Atlanta, que se ilusionó con la mejor campaña de su historia. Salió al revés: esa breve experiencia en Villa Crespo terminó con el primer descenso de los Bohemios.

Adolfo emigró a Colombia. Su liderazgo, el carácter de Néstor Rossi y la calidad de Alfredo Di Stéfano convirtieron a Millonarios en El Ballet Azul, equipo que marcó época en tierra cafetera. Cuentan que al quinto gol aflojaban la marcha…

Nueve que retrocedía y armaba, sin resignar llegada al área, Pedernera insinuaba en los tempranos 50 un futuro como director técnico, por visión de juego y claridad discursiva. Empezó a desempeñarse como tal en simultáneo con la creciente relevancia de un cargo hasta entonces menor. En los 60 ya no solo importaba la aptitud de los futbolistas sino el conocimiento del hombre que los conducía.

También comenzaban a tallar los periodistas, con sus análisis, opiniones y polémicas.

“Dicen que usted es un técnico conservador”, le plantea un muchacho de traje, gomina y micrófono.
“¿Quién dice? Tráigame uno… Ustedes los cronistas deportivos son así”, levanta temperatura Adolfo, mientras se le arruga la frente, en un antiguo reportaje subido a YouTube.

La relación de Pedernera con Boca se inició en 1963. Venía de dirigir a Colombia en el Mundial de Chile y Alberto J. Armando -siempre innovador- lo contrató como máximo responsable del fútbol xeneize. La tarea incluía el área juvenil: bajo su mandato nació La Candela. Con los profesionales salía a la cancha Aristóbulo Deambrossi, otro de sus compinches riverplatenses. Boca llegó por primera vez a una final de Libertadores y, al año siguiente, fue campeón con una defensa inexpugnable: entre las fechas 6 y 19 le metieron un gol. Dicen que usted es un técnico conservador…

En 1965, camino a San Justo, sufrió un accidente grave con su Ford Falcon. Estuvo cinco meses internado. Delegó funciones en Pipo Rossi y el fiel amigo cumplió: otro título. Boca dominaba la escena local. No repitió en 1966 porque Roma, Simeone, Marzolini, Rattin, Gonzalito y el Tanque Rojas se fueron al Mundial de Inglaterra en plena competencia. Encima apareció el Racing de José (Pizzuti, otro con gloria boquense).

A principio de 1967, Pedernera convenció a Armando -un entusiasta de los mercados- de que no realizara incorporaciones. La cantera del club proveería de valores con las condiciones necesarias para vestir la azul y oro. Ya asomaban Sánchez, Suñé, Nicolau, Ponce, Novello y Peña. Ellos fueron figuras del notable equipo que en 1969 armó Di Stéfano, el otro viejo socio de la incursión colombiana.

En aquella época también surgió Omar Rubén Larrosa, campeón mundial ’78. Era uno de los tantos chicos que practicaban martes y jueves en la cancha de Barracas Central, que Boca alquilaba para sus divisiones menores. Pedernera ya había reparado en él y un día lo llamó para notificarlo de la citación.

-Pibe, desde la próxima semana usted se entrena en La Candela con la Tercera.
-No puedo, Don Adolfo. Me queda muy lejos. Yo trabajo en una metalúrgica desde las seis de la mañana hasta las tres de la tarde.
-¿Y cuánto le pagan?
-No es mucho, un sueldo de obrero, pero sirve para ayudar en casa.
-Déjelo. Boca se lo paga.

Dos meses más tarde, volvió a convocarlo para avisarle: “A partir de ahora cobra en Brandsen 805, vaya a Contaduría”.

Larrosa llegó tímidamente a la ventanilla, donde le extendieron un recibo para que firmara su primer sueldo. Los dos anteriores habían salido del bolsillo de Pedernera.

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En 1957, dos años después del golpe de Estado contra Perón, Argentina fue sede de una Copa Mundial Militar que se disputó en el estadio de River (la historia de nuestro país abunda en similitudes de plazos, sustantivos y nombres). Francia ganó aquel torneo castrense, con Just Fontaine -máximo goleador de Suecia 58- como gran figura. En el equipo local, integrado por mayoría de muchachos que cumplían con el servicio militar obligatorio, se destacó el entonces colimba Federico Jorge Sacchi, volante o marcador central de presencia imponente y manejo exquisito.

Sacchi, surgido en Tiro Federal de Rosario, se incorporó a un Newell’s que tenía la tradición de tipos fuertes en el fondo, simbolizada por Ángel Perucca (apodado El Portón de América), Juan Carlos Colman (El Comisario, baluarte del Boca campeón 54) y Jorge Bernardo Griffa (con el tiempo referente del Atlético Madrid y maestro en la formación de futbolistas).

Rubio, de 1,87 metro, con pegada y habilidades más propias de un delantero que de un defensor, Federico pasó a Racing y pronto se convirtió en ídolo de la naciente Guardia Imperial. Es uno de los 11 que recita de corrido el actor David Di Nápoli (escribano Andreatta) a pedido de Guillermo Francella (Pablo Sandoval) en una inolvidable escena de El Secreto de sus Ojos. Aquellas condiciones técnicas también sedujeron a dos pibes que recién empezaban en la Academia, Roberto Perfumo y Alfio Basile. «Fue el mejor 6 que vi en mi vida«, afirma Coco.

En revistas deportivas de la época se lo describía con la metáfora de galera y bastón, una imagen de la elegancia de Sacchi para quitar y conducir la pelota. “Los periodistas me trataron muy bien”, le cuenta Federico a MuyBoca desde Rosario, con voz clara y memoria ordenada a los 84 años.

-¿Qué recuerda de su etapa en Boca?

-Llegué en el 65 desde Racing, con mi amigo Menotti. Yo vivía cerca de la cancha. Cuando fuimos a Buenos Aires en el 61 junto con Anacleto Peano, también de Newell’s, nos alojaron en un hotel, el Constitución Palace. ¿Lo ubica? Al poco tiempo compré un departamento en un edificio del barrio. Me comentaron que el lugar ha desmejorado mucho. Yo hace rato que no voy por ahí.

Sacchi arrancó de titular en una defensa que salía de memoria: Roma al arco, Simeone y Silvero sobre la derecha, él y Marzolini a la izquierda, Rattin patrullando adelante. Mirá tranquilo el partido… “Siempre fui diestro, pero con la zurda me las rebuscaba. Simeone y Silvero eran dos correcaminos, te mataban. Silvio y yo jugábamos parecido. Me adapté rápido a un buen equipo. Hasta metí un gol de tiro libre, sin ser mi especialidad. Pateé desde lejos y creo que el arquero no la esperaba”, relata un 1-0 a Atlanta en Villa Crespo.

En un amistoso en Perú me lesioné, un problema de rodilla. Quizás me tendría que haber operado enseguida. Usted sabe: la medicina no estaba tan avanzada… Nunca terminaba de recuperarme. Me salvó el doctor Rubén Oliva, después médico de la Selección, un crack. Por suerte pude volver a jugar y Boca salió campeón”.

Sacchi continuó su carrera en Perú y la cerró en Estados Unidos, mucho antes de la MLS, en 1968. Una encuesta de El Gráfico, en 1975, lo incluyó en el equipo ideal de todos los tiempos. El semanario juntó a los elegidos en la Bombonera. Allí se reencontró con su ladero Marzolini, galanes los dos. “Él tenía más pinta”, asegura con modestia.

En 2011 la Legislatura rosarina lo premió como Deportista Distinguido de la Ciudad. En un breve discurso de agradecimiento, el agasajado declaró: “Hace tanto dejé el fútbol que ya no me acuerdo si jugué o no”.

-¿Vio el Newell’s-Boca de la fecha pasada?

No. Me contó algo mi hijo menor, que es hincha de Boca. Sí vi los goles. En el primero hubo un error, un mal pase en una zona donde no te podés equivocar.

Lo dice alguien que conoce del tema.

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Eduardo Antonio Salvio lleva nueve goles en los últimos siete partidos. Es un promedio palermitano. Anoche convirtió los dos de una victoria que trajo calma. Aunque Boca no haya perdido todavía en este accidentado 2020, sabemos que siempre acecha la crisis. Puede ser un pase que no se hace, en este mercado recesivo; un contrato que vence dentro de diez meses o una cadena de contagios que obligan a recurrir al quinto arquero… Ya asumimos que todo se exagera, pero no por eso hay que dar por válidas cada una de las catástrofes que se pronostican. Ojalá que el 2-0 en Asunción sirva para reflexionar sobre esa maldita costumbre de lamentarse por anticipado. Y no se trata solo de los insoportables de siempre. ¿O acaso no hubo hinchas propios/as que vaticinaron desastres en el lateral izquierdo cuando se enteraron de la ausencia de Fabra y la presencia de Más?

Ciertamente pagaba poco el optimismo por la escasez y las dificultades de la preparación, en medio del apuro de la Conmebol por honrar sus compromisos comerciales (algo de honrado debía tener la organización). Aun así, invadido de contagios y hostigado en su visita, merecía respeto un Boca que salió campeón, postergando al clásico rival, y retuvo a casi todo el plantel, salvo Alonso y Reynoso. Hasta Ramón Díaz, quien simpatiza con otras causas, elogió la jerarquía xeneize.

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Al margen de alguna baja de tensión durante la segunda etapa, el equipo disimuló con clase el semestre sin competencia. Rápido el arquero para abortar situaciones conflictivas, seguros los centrales más allá de alguna falta innecesaria, afirmados Campuzano y Fernández, desequilibrante Salvio: Boca fue muy superior a un adversario que está segundo en su torneo y llegaba con puntaje ideal en la Copa. Se descubrirán ahora, seguramente, las limitaciones de Libertad… Es el viejo truco, diría Maxwell Smart.

El viaje a la capital paraguaya dejó, entre otras postales, un bandera con esta leyenda: «Asunción, territorio de River». Sin ánimo de discutir la veracidad del mensaje, resulta una saludable noticia que se dejen atrás oscuros tiempos de discriminación. Cuando vuelva el público a las canchas, tal vez no volvamos a escuchar el xenófobo «son la Mitad más Uno, son de Bolivia y Paraguay». Bienvenidos a la Patria Grande.

En MuyBoca tratamos de jugar diferente. De pisar la pelota, ver el panorama, no ir a la velocidad de las noticias (y de los rumores). Acá no vas a encontrar bombas, primicias ni polémicas forzadas. En MuyBoca buscamos analizar con la pausa justa, contar historias que lleguen en profundidad, acercarte contenidos que se sientan ganadores. Es por eso que buscamos una nueva vía para acercarnos a vos: suscribite a nuestro newsletter llenando el siguiente formulario y, semanalmente, te vamos a hacer llegar lo mejor que tenemos para ofrecerte. ¡Nos vemos por ahí!

 

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La gestión Daniel Angelici está llegando a su fin: este diciembre habrá elecciones en el club y el actual presidente no podrá buscar otra reelección. Así, es hora de balances. Y en MuyBoca decidimos poner la lupa sobre las compras en cada mercado de pases: ¿cómo fue evolucionando a lo largo de su gestión? A continuación, un desglose de las principales variables y, al cierre del informe, todas las adquisiciones del club bajo las órdenes de Angelici.

¿A cuánto compró?

Durante los ocho años de gestión se gastaron en compras casi 125 millones de dólares. Las primeras compras fueron Santiago Silva y Pablo Ledesma; la última, el 100% del pase de Ramón Ábila, tras una larga operación con Huracán y Cruzeiro.

Los refuerzos más caros vinieron en el tramo final de la gestión: Marcone, Salvio, Izquierdoz y Benedetto han sido de los desembolsos más importantes. Un tema aparte fue la contratación de Carlos Tevez desde la Juventus: por balance, valuando el préstamo de Guido Vadalá más las opciones de compras de otros juveniles, el traspaso estuvo tasado en más de 6 millones de dólares.

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¿Cuánta plata se recuperó?

No todo es gasto: muchas de las compras de la gestión estuvieron enfocadas en la inversión, en el famoso «valor de reventa». Muchísimos jugadores que Angelici compró luego fueron vendidos a sumas realmente importantes, luego de dejar goles e incluso títulos en algunos casos. Las operaciones de Magallán y Calleri, por ejemplo, son un ejemplo de inversiones a futuro exitosas. Algunas operaciones onerosas, como las de Juan Manuel Martínez, Gino Peruzzi o Sebastián Pérez, no llegaron a buen puerto económico.

En total, contando sólo jugadores que Boca compró en esta gestión, se vendió por más de 90 millones de dólares. A estas finanzas hay que sumarles ventas de jugadores de  Inferiores y de la gestión anterior.

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¿En qué puestos compró?

El primer gráfico del informe contabilizará la cantidad de los refuerzos dividida por posición. Mucho se ha hablado del recambio de Boca en estos años de gestión Angelici pero, ¿en qué posición del campo fue donde hubo más rotación? Sumando centrales y laterales, no hay dudas: la mayor cantidad de compras fue para la defensa. En total, fueron 28 refuerzos para la retaguardia xeneize.

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Además de la cantidad en cada posición, otro tema a analizar es el precio que se gastó por puesto. Está claro: un defensor áspero no vale lo mismo que un delantero goleador. En el gráfico a continuación, se observará que la mayor cantidad gastada fue, claramente, en el sector de volantes. Esta zona fue una de las más reforzadas, como se vio en el gráfico anterior, pero también contó con abultadas ventas: las llegadas de Iván Marcone y de Eduardo Salvio, ambas onerosas, explican esta diferencia.

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¿Cómo compró?

Otro factor que ha sido muy discutido en cuanto a la política de compras de la actual gestión del club fue el de las diferentes políticas que se han tomado en cuanto a la llegada de los jugadores. Con críticas a ciertos representantes por momentos, con apuestas a futuro por el otro, en cierto período incluso se dio por cancelado el arribo de jugadores a préstamo. ¿Cuál fue, entonces, la manera en que Boca acordó estas llegadas? En 28 ocasiones, la mayoría, los jugadores llegaron a préstamo; en 23%, con un porcentaje a favor del Xeneize; y en 21 oportunidades, con el 100% de su pase. El desglose:

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¿A qué técnico le compró?

Otra de las variantes para analizar la política de compras tiene que ver con la cantidad que le trajo a cada DT. El gráfico marca que Guillermo Barros Schelotto, que estuvo dos años y medio en el club, fue quien más refuerzos juntó en estos ocho años de gestión de Angelici. Carlos Bianchi, con un año y medio de mandato, sigue cerca; Arruabarrena también un año y medio, quedó apenas por debajo.

Está claro: en este segmento, el análisis es sólo cuantitativo. La calidad de los refuerzos que se le trajo a cada entrenador puede diferir mucho de estos indicadores.

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La lista de compras de la gestión Angelici

Además de ensayo para la próxima visita a esa cancha, el partido también tenía valor para un torneo cuya importancia -como la de casi todos- es inversamente proporcional a la posición de Boca: más arriba el equipo, más abajo el nivel de la competencia. Si consideramos que el clásico rival es uno de los adversarios de fuste, al margen de que no se corone en nuestra liga desde 2014, podríamos afirmar que este empate sirve.

River dispuso de la plantilla completa, salvo el lesionado Ponzio (Pérez disimuló su ausencia sumando foules sin castigo) y el suspendido Pinola. Con un ritmo que desmintió los temores de su quejoso DT por el menor tiempo de descanso, dominó posesión y campo sin que esa hegemonía se tradujera en situaciones de gol. El recordman Andrada ha tenido intervenciones más difíciles en fechas anteriores. Dato: es la primera vez desde 1926 que Boca termina con arco invicto los cinco encuentros iniciales de un campeonato. Tesoriere, el arquero de aquella época, estaría feliz. Y Lorenzo ni te cuento.

El planteo de Alfaro no merece aprobación en el ítem ofensivo. Tal vez mejore con las vueltas de Zárate, Salvio y Ábila, si se recupera en los 30 días que restan, o con un ingreso más temprano de Tevez. La inclusión de Fabra, con la expectativa de que aportara soluciones en ese rubro, generó nervios tras cada intervención defensiva. ¿Califica Alonso para el lateral izquierdo?

Boca cumplirá una década sin derrotas por certámenes locales en el estadio Liberti. Falta el golpe en una Copa. Vayamos de punto que hay una chance grande el 1 de octubre.

Boca pasó octavos y cuartos con sendos 3-0 en el global. Ya leímos y escuchamos que Atlético Paranaense no daba la talla. Se escribirá y dirá lo mismo sobre Liga de Quito. El dato saliente es la décima clasificación a semifinales en las últimas 15 participaciones. Quizás la costumbre le quite dimensión a esa formidable estadística.

Comparemos con los demás: River (15 intervenciones), San Lorenzo y Vélez (10 cada uno), Estudiantes (8), Lanús (6), Central (5), Racing, Banfield, Newell’s y Arsenal (4), Independiente y Godoy Cruz (3), Gimnasia LP, Huracán y Atlético Tucumán (2), Talleres, Quilmes, Colón, Argentinos y Tigre (1) suman, ¡todos juntos!, 11 clasificaciones hasta hoy.

En estas eliminatorias el equipo de Alfaro mostró carácter de visitante y tuvo serenidad de local. Hubo jugadores que crecieron. Se priorizaron rendimientos sobre apellidos. Duelen las bajas, pero hay tiempo para las recuperaciones. ¿Falló el DT al no reservar titulares, como se apuraron en criticar los medios? ¿Era mejor poner a los que venían de ganar el domingo, cuestionados por los mismos críticos debido a su actuación en Banfield?

El arco en cero es un bien preciado. Después de mucho tiempo parece haberse entendido que la clave no es incorporar centrales de jerarquía mundial, inaccesibles por cotización, sino armar una estructura sólida, que cierre caminos y le conceda mínimas oportunidades al rival.

¿Falta poder ofensivo? Tal vez. Aunque ya no esté el Toto Lorenzo para contarlo, los veteranos podrán recordar que el primer Boca campeón de América levantó la Copa con diez goles en 13 partidos. Y se festejó muchísimo.

Aunque le haya ganado los últimos seis cruces sin recibir goles, cuando Boca juega con Banfield -sobre todo si el DT rival es Almeyda o Crespo- suele hablarse de merecimientos. La anterior visita al Florencio Sola también se resolvió con algunos apremios después de un gol en el amanecer, aquel día de Tevez.

No pueden negarse las dificultades de anoche, pero hay atenuantes. Si tomamos los 11 iniciales en Ecuador como titulares, en esta cuarta fecha solo repitió Andrada. Tampoco debe olvidarse la altísima complejidad del torneo local: el arranque de Racing -campeón defensor- lo confirma.

Además del cuarto triunfo seguido a domicilio en el semestre y de la actuación del arquero, con 11 vallas invictas en 12 partidos, se pueden valorar los rendimientos de la pareja de centrales y el estreno goleador de un batallador Soldano.

Se había dicho que agosto era complicado. Si no sucede nada extraño este miércoles, el mes terminará con Boca líder en la Superliga y clasificado a semifinales de la Libertadores.

El único martes 13 fue la eliminación en Copa Argentina. Almagro, inesperado verdugo, perdió como local en su debut en la segunda categoría. Esa derrota obliga a reiterar un consejo: #NoSeMetanConBoca. Tarde o temprano se sufren las consecuencias.