La carrera de Carlos Tevez tuvo muchas etapas. Tras debutar y convertirse en figura, pasó por Brasil, Inglaterra, Italia y China. En casi todos lados fue campeón y, a fuerza de goles, se metió a los hinchas en el bolsillo. Fue reconocido y querido en todos lados. Sin embargo, al único lugar al que volvió fue a Boca. Y no una, sino dos veces. Su sangre azul y amarilla -como él mismo describió- lo llevó a dejar de lado muchas cuestiones y concretar tres ciclos en el Xeneize, los cuales tienen a la palabra “campeón” como denominador común. Por eso, en MuyBoca hacemos un breve repaso por sus tres pasos por Brandsen 805.

Debut y consagración (2001-2004)

Su primera etapa comenzó a principios de siglo. Y fue durante la cual pasó de promesa a realidad. El que lo mandó a la cancha por primera vez fue nada más y nada menos que Carlos Bianchi, quien el 21 de octubre del 2001, contra Talleres en Córdoba, le permitió cumplir su sueño y el de toda su familia. Con solo 17 años (y la 18 en la espalda), le tocó debutar en un contexto ganador, teniendo la posibilidad de rodearse y aprender de varios de los principales referentes e ídolos del club.

El primero de sus 94 goles con la camiseta azul y oro llegó al año siguiente, con Óscar Washington Tabárez como entrenador. Se produjo el 8 de mayo, por Copa Libertadores, frente a Olimpia de Paraguay. Tras un centro desde la izquierda de Marcelo Delgado, el Apache -ya con la 9 en la espalda- definió de primera contra el arquero e hizo gritar a la toda la Bombonera por primera vez. Los inmediatos abrazos de Abel Balbo, Sebastián Battaglia y Juan Román Riquelme expresan a la perfección el contexto en el que le tocó crecer futbolísticamente a Carlitos.

A partir de entonces, empezó a hacerse un lugar cada vez más importante en el equipo. Tras la partida de varias figuras y el retorno de Bianchi al banco de los suplentes, en 2003 tomó la posta de un Boca renovado y fue una de las principales razones por las que el Xeneize se alzó con la quinta Libertadores de su historia: en la final de vuelta contra el Santos, en Brasil, tras una doble pared con Battaglia, marcó el 1-0 para empezar a liquidar la cuestión.

Ese mismo año, levantó su primer campeonato local, el Torneo Apertura, siendo el goleador del equipo con 8 goles en 11 partidos. Y para cerrar ese glorioso 2003, acorde al Boca ganador de esos tiempos, fue parte de la última gran gesta de un equipo argentino a nivel internacional: tras el 1-1 en el tiempo reglamentario, el Xeneize, con un Tevez entrando desde el banco, venció al Milan por penales y levantó la tercera Copa Intercontinental de su rica historia.

El 2004 fue el cierre de esta primera etapa de Tevez en el club. Pero no por eso iría a guardarse algo. De hecho, tras eliminar a River en las semifinales de la Libertadores de aquel año, volvió a dejar escrito su nombre en las páginas más exitosas del club: la “gallinita” para festejar uno de sus tantos aquella noche, una marca registrada.

Antes de partir al Corinthians de Brasil por la suma de 16 millones de dólares, ya con el Chino Benítez de entrenador, el Apache se despidió levantando la Copa Sudamericana. Durante aquel torneo, marcó dos tantos: uno frente a San Lorenzo en el debut y otro en la final contra el Bolívar.

El retorno del mito (2015-2016)

Luego de una increíble carrera en el exterior, y tras jugar una final de Champions League, Tevez, con 31 años y ofertas para continuar en Europa, decidió volver a su casa. Tras pasar por Corinthians, West Ham, Manchester United, Manchester City y Juventus; fue recibido en La Boca con honores: aquel 13 de julio de 2015, a pesar de no haber partido, más de 50 mil bosteros colmaron la Bombonera para abrazarlo en su retorno.

El arranque fue soñado, ya que rápidamente recordó aquella vieja costumbre de sumarle estrellas al escudo de Boca: el mismo año de su llegada, con el Vasco Arruabarrena como director técnico, consiguió el Torneo de Primera División, en el cual convirtió 5 tantos en 12 partidos. Y algunos días más tarde, tras superar a Rosario Central en la final, obtuvo la Copa Argentina (4 goles en 5 partidos para ser el goleador xeneize).

En 2016, tras algunos golpes (derrota en la final de la Supercopa Argentina vs. San Lorenzo y eliminación de la Libertadores con Independiente del Valle), Carlitos se planteó la posibilidad de partir otra vez. A pesar de estar en un gran nivel, y lucirse frente a River convirtiendo dos goles en el Monumental para ganar 4-2 por el Torneo de Primera División 2016/17, a fin de año Tevez anunció su salida y continuó su carrera en el Shangai Shenshua de China. Sin embargo, los colores le volvieron a tirar rápido…

Resurgimiento y despedida (2018-2021)

Tras un año en Asia, y entre tantísimas opciones, el Apache eligió otra vez Boca. El ídolo volvió al barrio y, con Guillermo Barros Schelotto de entrenador, consiguió la Superliga 2017/18. Al año siguiente, haciéndose de a poco un lugar en el equipo principal, gritó campeón en la Supercopa Argentina, venciendo en los penales a Rosario Central (ingresó en el segundo tiempo y convirtió uno de los penales).

Luego de dos años un tanto irregulares, recuperaría su mejor versión con Miguel Ángel Russo para darle una de las alegrías más grandes que tuvo el hincha de Boca en los últimos tiempos: fue goleador (6 goles en los últimos 7 juegos) y figura del equipo que le arrebató la Superliga 2019/20 a River sobre el final, justamente con un gol suyo, en la última fecha ante Gimnasia y con Diego Armando Maradona en cancha.

Carlitos volvió a ser el emblema del equipo y siguió agrandando su mote de ídolo en club. Ya en 2021, como para no perder la costumbre, llevó al equipo a conseguir la Copa Diego Maradona, sumando su estrella número 11 con la camiseta azul y oro. Y además, dejó en claro que, incluso a sus 37 años, podía seguir marcándole a River y dejándolo afuera de una competición, tal como en la última Copa de la Liga.

De este modo, Tevez cerró una carrera que, estadísticamente, se ubica entre las mejores de los más de 116 años de historia xeneize (décimo en la tabla de goleadores y séptimo en la de máximos ganadores). Pero más allá de los números, consiguió algo para muy pocos y que no se compara con ninguna copa: el amor de los hinchas para toda la vida…

En la escuela de periodismo nos enseñaron que nunca hay que escribir en primera persona. En el oficio impera la objetividad con la información y, para eso, se debe ser impersonal. Pero hoy te quiero hablar a vos, que, seguramente como yo, creciste viendo a estos tipos que parecía que podían lograr lo imposible. Y repetirlo. Y si no creciste con ellos, al menos te hicieron respirar aires de gloria durante más de una década. Por eso, quizás, este adiós sea una píldora tan dura de tragar: esta despedida, esta vez definitiva, representa el final de la era de los héroes.

Tevez debutó cuando era Carlitos. Yo tenía 10 años y en la pared de mi cuarto ya me acompañaban Román y Martín. Si bien nunca llegó a ser mi póster, supo ser el fondo de pantalla de mi primera computadora. Pero también fue el wallpaper del celular de mi hermano, que nació en el 2000 y recién pudo disfrutarlo en una cancha cuando volvió de conquistar Europa. Él no vivió la triple corona del 2003, ni la gallinita en el Monumental, pero lo vio levantar la Champions League y ser ganador con cada estandarte que defendió. Estoy seguro de que más de uno de ustedes, amigos lectores, tendrán alguna historia similar. Allí está la esencia del Apache: traspasar barreras. Ser mural en Fuerte Apache y en Manchester.

Pero esto no se trata solo de él. Esto se trata del punto final que significa su retiro. Para nosotros, que gritamos los 236 goles de Palermo, gozamos con la magia de Riquelme, nos paramos con cada desborde de Guillermo o el Chelo, festejamos las barridas de Bermúdez y Schiavi, vibramos con el Seba y el Chicho y ovacionamos a tantos otros, su partida nos deja sin emblemas que salgan a la cancha. Para nuestra generación, la que se levantaba a la mañana para ver cómo estos paladines derrumbaban los castillos de los más poderosos, es, un poco, la muerte de nuestra infancia y juventud. Un poema épico que llega a su fin.

¿Quién va a venir, ahora, a rescatarnos? ¿Quién se va a poner la ‘10’ y va a llevar la cinta, cual insignia acompañada por la mística espiritual del Dios Diego? Queda alguno girando por el mundo, es cierto. Pero ninguno como él, un verdadero campeón de la Casa Xeneize. Nadie es digno de su escudo. Desgraciadamente, esto no es una película de Marvel. En esta época en la que los mejores de nosotros se van rapidito, construir esas identidades con las que poder identificarse parece ya una cosa del pasado. Las leyendas son narrativas cada vez más fabulosas.

Mucho podrá decirse de su nivel en los últimos años. Para algunos habrá sido bueno, para otros malo y para la mayoría regular. Todo debatible. Indiscutible es lo que significó para el club y para el fútbol argentino. Fuimos mejores por tenerlo y afortunados de que sea nuestro. Gracias, Carlos, por hacernos creer en cuentos de fantasía.

Podcast: El fin de la era de los ídolos

Se fue Tevez de Boca, y con él, se acaba la infancia de mucho de los hinchas. Esa niñez vinculada a los posters, a los ídolos, a los superhéroes de carne y hueso que hacían lo imposible en la cancha. Se termina, también, la época dorada de Carlos Bianchi, con su último representante en el club. ¿Y ahora? ¿Qué es lo que vendrá? De esto y más charlamos en este nuevo episodio.

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Por @gerbo__

Desde la llegada de Russo, Tevez se reinventó como jugador. Si bien había convertido 16 goles entre 2018 y 2019 -primero con Guillermo y luego con Alfaro-, no terminaba de consolidarse como titular. Miguel lo ubicó al lado de un sacrificado Franco Soldano, con Salvio y Villa como flechas por las bandas y un Pol Fernández articulando los movimientos de la mitad de la cancha.

Tevez fue el emblema de la remontada en la Superliga 2019/2020. Jugó los siete partidos desde el arranque (sólo se perdió 34 de 630 minutos) y convirtió seis goles, incluido el 1-0 a Gimnasia, el día de la consagración. El 10 de marzo fue la última vez que pisó una Bombonera repleta, en el gran triunfo frente a Independiente Medellín por fase de grupos de Libertadores.

La aparición de la pandemia y la consecuente cuarentena estricta lo obligaron a replantearse muchas situaciones. Tras idas y vueltas, con declaraciones polémicas en el medio, finalmente decidió quedarse en el club. Se pensó que el parate por el COVID iba a frenar su gran momento futbolístico, pero volvió más fino en el juego aun, creando varias ocasiones en ataque aunque en los primeros partidos le costó convertir.

La rescisión del préstamo de Pol Fernández lo obligó a participar un poco más de la elaboración del juego, más como un enganche que como un finalizador de jugadas. El problema, que se empezó a evidenciar a finales de 2020 y se sufrió durante gran parte de 2021, es que cuando Tevez baja a armar el ataque, no había nadie para definir.

En sus últimos 16 partidos con la camiseta de Boca hizo cuatro goles: en la goleada 7-1 a Vélez (el gran triunfo del año), en el 2-1 vs Defensa y Justicia, otro en la importante victoria 2-0 a Santos por Copa y su último gol fue esa palomita contra River.

Si extrapoláramos sus recientes aportes futbolísticos a un equipo aceitado, se podría decir que no se lo va a extrañar tanto. Un gol cada cuatro partidos y poca incidencia en el trámite del partido. Pero en el contexto actual de un Boca de rendimientos bajos, donde la esperanza fueron tres pibes con pocos minutos en primera, el nivel intermitente de Tevez fue fundamental.

Boca pierde la inventiva, la chispa de un crack que, a sabiendas de que ya no tiene esa explosión que lo caracterizó durante toda su carrera, aprovechó al máximo sus recursos para generar faltas, capturar rebotes perdidos en el área o habilitar a sus rápidos punteros (Villa y Pavón). Pero claro, con ese sistema de juego y la velocidad de sus compañeros, siempre faltó alguien en el área para definir las jugadas: nuevamente, la idea juego conspiró contra los destellos del 10.

La última imagen no la deseaba nadie: un Tevez desganado, desconectado del partido, sin influencia real y, para colmo, estrellando su penal contra el travesaño. Boca va a extrañar al símbolo, al líder y al ídolo. Pero también sentirá la falta del mejor jugador de la segunda era Russo: 15 goles y 6 asistencias en 41 partidos.

El final no fue acorde a la carrera de crack que tuvo, más por problemas estructurales -armado de plantel y equipo- que por deficiencias propias. Boca deberá rearmarse sabiendo que no tendrá un héroe sobre quien apoyarse. Habrá que construir un plantel capaz de reponerse a las adversidades y que se anime más. Con lo que hay, el desafío es enorme. Sin Tevez, podría ser el momento de Cardona de tomar el rol de líder futbolístico (y de llevar nuevamente el 10 en la espalda), aunque para eso necesitará que su físico lo acompañe. Mientras tanto, Boca despide a su último gran ídolo y a uno de los pocos del plantel que ilusionaba con su rendimiento.

La salida de los Barros Schelotto de Boca ha dejado una incertidumbre total de cara al futuro, ya que por primera vez en la gestión Angelici, es realmente una incógnita quién se hará cargo del plantel bicampeón de la Argentina en 2019: Falcioni, Bianchi, Arruabarrena y Guillermo fueron los entrenadores en los últimos 8 años, pero el de hoy parece un momento de cambio, ya que la mirada estaría puesta en un nombre fuera del riñón del club.

Es preciso hacer un repaso de los distintos momentos en cuanto a los técnicos se refiere. El hoy máximo dirigente xeneize heredó el ciclo de Julio César Falcioni, que venía de ser campeón invicto en el Apertura de 2011 y se preparaba para disputar la Copa Libertadores, a la que accedería a la final y caería derrotado ante Corinthians en Brasil. Llegó el «estoy vacío» de Riquelme pero el ciclo del entrenador no tembló. Sin embargo, la segunda mitad del 2012 traería unos vaivenes en el rendimiento y la figura de Román desde el exterior presionaba ante cada mal resultado. Boca terminaría 6to en el campeonato a 8 puntos del campeón Velez. Angelici había decidido ratificar la confianza de Falcioni, e incluso anunciar la renovación de contrato, pero la gente en aquel partido ante Godoy Cruz en La Bombonera dio su veredicto: Carlos Bianchi había dado señales de querer volver a dirigir y el pueblo bostero clamó por su vuelta, lo que obligó al presidente a escuchar a sus socios. Fue la tarde que se consideró, a la postre, «el Cabildo abierto» y que terminó con el retornó del Virrey.

Bianchi Angelici

El 2013 se iniciaría con el retorno del técnico más ganador de la historia del club y la vuelta de Juan Román Riquelme al primer equipo, por ende, la ilusión no podía ser más grande. Pero los resultados no estuvieron a la altura: eliminación en 4tos de final ante Newell’s, y un 19° puesto en el Torneo Final 2013. A la campaña siguiente, un gran recambio de nombres y un 7° puesto en el Torneo Inicial cerraron el año. Bianchi siguió en su cargo y consiguió un subcampeonato en el Final 2014, ganado por River. Su ciclo se terminaría de manera abrupta en el segundo semestre de ese año, tras tres derrotas en cuatro partidos en el arranque del campeonato. Mientras tanto, en el radar aparecía el nombre de Rodolfo Arruabarrena, hombre de la casa y técnico joven que ya tenía en sus espaldas una gran campaña en Tigre y un subcampeonato con Nacional en Uruguay. Con la salida del Virrey, la llegada del Vasco fue casi inmediata.

La historia de Arruabarrena es más conocida: llegó a semifinales de la Sudamericana, se quedó para el 2015 y salió campeón del Torneo y de la Copa Argentina. Antes, claro, sufrió la eliminación en el escritorio de CONMEBOL en la Copa Libertadores. Los títulos pesaron más que las desgracias y el retorno de Tevez reavivó las ilusiones de un equipo que arrancó el 2016 con la Supercopa Argentina en el horizonte: la derrota 0-4 ante San Lorenzo empezó a encaminar ese ciclo hacia el final. Coincidentemente con ese decrecimiento, Guillermo Barros Schelotto frustraba su paso en el fútbol italiano como técnico del Palermo debido a que no cumplía con los requisitos para entrenar en Europa, su vuelta al país dejaba la puerta abierta para el nombre que siempre deseó Angelici. 

Arruabarrena Angelici

La resolución también fue rápida, el 28 de febrero fue el último partido del Vasco y el 3 de marzo el Melli ya estaba sentado en el banco de suplentes. Desde ahí, lo más reciente: semifinal en la Copa del 2016 con la insólita caída ante Independiente del Valle, 10° puesto en el Torneo Transición y sin Libertadores para 2017. A la postre, el título del torneo largo y una nueva ilusión para 2018. Vuelta a la Copa, caída en la Supercopa con River, bicampeonato y la final que todavía duele. Fin de ciclo. 

Y justamente ahora, en lo que será el último año de Angelici como presidente, un gran signo de pregunta se posa sobre el banco xeneize. Ya no hay nombres que se posicionen por peso específico ni un candidato que genere consenso entre toda la Comisión Directiva. El presidente está en una encrucijada y deberá decidir bien porque los resultados deportivos del próximo año pueden ser vitales para la continuidad de su gente al frente del club. Lo que parece claro es que no será un hombre de la casa, ¿no será tiempo para un extranjero? ¿vendrá un manager para encaminar la elección? Verdaderamente nadie da garantías y todavía hay mucho por jugar. 

Por @tomynel

A finales de 2003, cuando el equipo de Carlos Bianchi levantaba la Copa Intercontinental ante el Milan en Japón, se re-inauguraba en la intersección de Boyacá y Juan Agustín García en el barrio de La Paternal el estadio Diego Armando Maradona, la casa de Argentinos Juniors, un reducto que se ha hecho complicado para Boca desde que el Bicho retornó a Primera a mediados de 2004, y que volverá a pisar el próximo sábado.

El historial marca 13 visitas desde aquel Apertura 04′ en el que el equipo de Miguel Brindisi cayó derrotado 0-1. Sería el preámbulo de un recorrido tumultuoso que tan solo cosecha tres victorias hasta el presente: la primera llegó en el Clausura 2006, de la mano del Coco Basile como entrenador, fue 2-1 con los goles del ‘Chelo’ Delgado y Krupoviesa. No fue un triunfo más, ya que significó el primero que se pudo llevar uno de los equipos grandes de Argentina en esa cancha.

Hubo que esperar 5 años para otra alegría en ese estadio, recién en el Clausura 2011, cuando Juan Román Riquelme y Martín Palermo se hicieron presentes para sellar el 2-0 definitivo. De la mano de los históricos, Boca encausó un encuentro que sirvió para darle oxígeno en un torneo complicado para los dirigidos por Falcioni. Fue la semana previa al Superclásico que empezó a decretar el descenso de River…

La última victoria está mucho más fresca, fue hace 3 años, también en septiembre, en la que el equipo del Vasco Arruabarrena sacó adelante un chivo partido como suelen ser allí: 3-1 con un doblete de Carlos Tevez, que fue el principal protagonista por la patada a Ezequiel Ham que tanta polémica generó, y el restante de Jonathan Calleri. Restaban cinco fechas para la finalización de ese torneo que vería al Xeneize campeón.

Está claro que a Boca lo complican esta clase de partidos, porque es la cancha más angosta del fútbol argentino, y por la intensidad con la que suele afrontar Argentinos la visita de los boquenses y así lo demustran los números.

Por @tomynel

El 2 de agosto de 2012, el entonces flamante presidente Daniel Angelici presentaba en conferencia de prensa a un joven zaguero central por el que Boca pagó 1.4 millones de dólares por el 80% de su pase. Era Lisandro Magallán. Tenía 19 años y venía proveniente de Gimnasia, . «Antes que nada buenos días«, se presentó cordial. «Creo que no me corresponde a mí definirme como jugador«, cuestionando el sentido de la pregunta, y mostrando que tenía las cosas muy en claro. «Me siento preparado«, se plantó al instante. No era extraño para un pibe que había sido capitán en selecciones juveniles y que había debutado en Primera a los 16 años.

Julio César Falcioni estaba al mando de ese equipo que se preparaba para afrontar el Torneo Inicial (competencia que por primera vez llevaba ese nombre), pero decidió no utilizarlo en el primer equipo, por lo que sumó minutos en Reserva. Con el tercer ciclo de Carlos Bianchi en marcha, sumó sus primeros 90 minutos en un clásico de verano ante Independiente, noche en la que se fue victorioso por 3-0. El Virrey lo tuvo muy en cuenta en ese torneo, siendo parte fundamental de la rotación en el campeonato e ingresando en la mayoría de los partidos de Copa Libertadores. No era el mejor momento futbolístico para un equipo que sufría por demás (1-6 con San Martín de San Juan, 0-3 con San Lorenzo, 0-4 con Newell’s). Fue el momento de su primera salida a préstamo, lo acogió otro campeón, Miguel Angel Russo en Rosario Central. Ya por ese momento cursaba a distancia la carrera de abogacía en la Universidad de La Plata.

Un año después, regresaba al club tras no tener mucha continuidad. «El equipo está seis puntos«, vaticinaba Bianchi antes del arranque del campeonato de 2014. Magallán comenzaba el año de titular en lo que fuera derrota por 0-1 ante Newell’s. No se equivocaba el maestro, porque meses después la Comisión Directiva decidiría removerlo de su cargo. La llegada del ‘Vasco’ Arruabarrena dio nuevos aires al equipo en el que Licha comenzaba a tener una mayor preponderancia. Sobrio, inteligente, rápido hacían de él un jugador importante. Así llegó su primer gol, inolvidable, en un Superclásico tormentoso en el Monumental, que le permitió ganarse definitivamente el puesto. Tenía 21 años recién cumplidos.

Pero cuando mejor venía jugando llegó la rotura de ligamentos de la rodilla izquierda, en un partido contra Defensa y Justicia en La Bombonera. Se venía una larga recuperación. «Los primeros días fueron duros, me sentía un inútil«, reconoció tiempo después en MuyBoca Radio. Regresó en el mercado de pases invernal de 2015, pero el camino fue empinado, ese semestre sumó solo 90 minutos oficiales.

Ya con el 2016 llegaría un nuevo préstamo, esta vez a Defensa y Justicia, lugar en el que tendría bastante continuidad en un equipo ofensivo, donde fue dirigido por Ariel Holan, conviritó el segundo gol en su carrera y terminó clasificando con su equipo a Copa Sudamericana. Para el segundo semestre retornó, cuando ya estaba en marcha el proceso Guillermo. «Pasé de hacerle un gol a River a estar tirado en una camilla«, recordaba por ese entonces, aguardando por una oportunidad mientras sumaba minutos en Reserva.

El verano de 2017 parecía tener la misma dinámica, rotación en amistosos y sin mucha participación. Boca peleaba el campeonato con River que se había acercado por demás en la recta final, allí fue cuando el Mellizo pateó el tablero y le dio la oportunidad a Magallán: aquel empate ante Huracán, las goleadas a Independiente y Aldosivi, y la consagración en el hotel antes de Olimpo. El platense levantaba su primer título con protagonismo principal con la camiseta de Boca, aunque ya había participado del campeonato 2015 y las Copas Argentinas de 2011/12 y 2014/15.

MAGALLAN ENTRENO

Se asentó con temple, y fue una fija para el armado del plantel para la Superliga. Estuvo presente en 25 de los 27 partidos, compartiendo la zaga con Paolo Goltz y aportando firmeza para el mejor arranque de la historia del club en el profesionalismo. Su nivel ya era mirado de cerca por clubes europeos, y a finales de ese 2017, el club rechazó una propuesta de 5 millones de dólares del Ajax. La consagración del bicampeonato y el pase a 8vos de final de la Copa cerraron el primer semestre de 2018, e hicieron que el conjunto holandés vuelva a la carga por él. Esta vez con una propuesta mucho más suculenta, casi 10 millones de dólares, a la que parece muy difícil decirle que no.  De concretarse la transferencia, supondrá la venta más cara de un defensor en la historia del club, detrás de la de Walter Samuel a la Roma en el 2000.

Con la tranquilidad y la semblanza de siempre, y en la previa de lo que fue el amistoso de ayer, señaló a modo de balance:

«Luché mucho para ganarme la titularidad en Boca, aunque nunca me sentí titular indiscutido. Soy un convencido que hay que trabajar todos los días y rendimos exámen todos los días durante la semana, porque es ahí donde el entrenador toma la decisión. No hay que bajar los brazos nunca».

Siempre con humildad y sapiencia. Después de seis años de haber llegado al club, de haber madurado en lo profesional, y con 86 partidos sobre el lomo, puede dar el gran salto. Así fue el devenir de un jugador que pasó por todas: ocaso, exilio y gloria. Una inversión a largo plazo que hizo Boca y que hoy está dando sus frutos. En su presentación dijo sentirse preparado, y así lo demostró.   

Por @tomynel

El andar sólido del equipo de Guillermo no es novedad, los 12 goles a favor, el 100% de los puntos sacados, y otra vez la soledad en la punta, además de las 22 fechas que lleva como líder indiscutido del certamen (tomando las últimas 18 del torneo pasado) lo demuestran. Inmejorable. Pero no solo eso dejó el triunfo del sábado ante Vélez, sino que la goleada por 4-0 nunca se dio en la historia jugando de visitante.

Es un resultado sin coincidencias con el pasado. Miles de variantes (hay encuentros con victorias 5-1, 5-2) pero 4-0 a domicilio, jamás. Excepcional. Y eso que se han enfrentado en más de 200 ocasiones. Sin embargo, no es la primera vez que el Xeneize le hizo cuatro tantos al Fortín en su cancha. Hay, casualmente, cuatro antecedentes oficiales: el primero fue en el Campeonato de 1933, en el que triunfó por 4-2, con la salvedad de que el primer descuento llegó, recién, en el minuto 88. El siguiente fue once años después, para 1944, en el que se impuso por 4-1.

Ya en la época moderna, el antecedente nos lleva al Metropolitano 1972, cuando los entonces dirigidos por Gandula ganaron por 4-1. Los goles los convirtieron Enzo Ferrero en dos oportunidades, ‘Mané’ Ponce y Hugo Curioni. El descuento para Vélez fue de un tal Carlos Bianchi.

La última historia nos remite al Clausura 2010 y a un histórico 4 a 4. Un partido vibrante con muchos cambios en el marcador: arrancó abajo por un gol del ‘Chapa’ Zapata, pero se repuso con tantos de Luciano Monzón, Martín Palermo, y Nico Gaitán. En pocos minutos, los de Abel Alves pasaron del 3-1 al 3-4 por los goles de Juan Manuel Martínez y Santiago Silva (en dos oportunidades). Pero fue el chileno Gary Medel que, a falta de un minuto, puso las cosas 4-4. Además del excéntrico resultado, ese encuentro será recordado debido a que el gol del ‘Titán’ significó su tanto N°218, con el que igualó la marca de Roberto Cherro como máximo artillero.

Por @tomynel

«Este equipo va puntero, sería muy injusto no reconocérselo, sería injusto borrar todo lo que se ha hecho. Pero mi pregunta es, ¿qué clase de líderes tiene?».

Boca cayó 3-1 ante River en la Bombonera dejando una triste imagen y el que habló en los micrófonos de MuyBoca Radio, con la misma vehemencia con la que jugaba, fue Jorge Bermúdez. El Patrón, ídolo de Boca, apuntó fuerte al carácter del equipo tras el feo tropezón: «A este equipo le falta personalidad y carácter para asumir los partidos importantes».»Uno tiene que tener sentido de pertenencia con esta camiseta, yo lo sentí apenas llegué. Y si uno tiene sentido de pertenencia, deja la piel, deja todo para marcar su huella, no piensa en que en tres partidos se va a ir a la Juventus o a donde sea…», explicó Bermúdez, con la bronca de un hincha más. «El planteo no sale de entrada, vi un Boca descompensado, superado por River hasta en los duelos individuales».

«Gago es un excelentísimo jugador, pero no juega como el cinco de Boca«, siguió con su descarga Bermúdez. «Antes había un equipo formado para que Tevez sea el emblema; ahora, hay jugadores que están en deuda. Para usar esta camiseta hay que tener carácter«, analizó el Patrón en diálogo desde Colombia. Además, apuntó a la dirigencia por la falta de identidad en el equipo: «El sentido de pertenencia se empieza a perder con tantos cambios, con jugadores que llegan a préstamo por pedido de un representante y después se van. Ese proyecto no es responsabilidad de ningún entrenador; es de la Comisión Directiva».

Por último, el Patrón dejó un mensaje de esperanza pero también de alerta: «Ojalá que Boca gane este domingo, que Boca salga campeón. Puede lograrlo. Y ahí sí, buscar los nombres que hagan de este equipo uno para afrontar las grandes competencias».

Por @lucasg91

Es el gol más mítico de la historia de Boca y no hay una sola filmación. Es el partido más importante del tradicional superclásico argentino y, sin embargo, el 1-0 de Rubén Suñé no tiene testimonio en video para las nuevas generaciones. El gol se vio en vivo y en directo -por televisión, en cancha o en el mismo césped- y no se vio nunca más. A 40 años de la única final de la historia entre Boca y River, en aquel Nacional 76, recordamos la epopeya y reconstruimos el gol del Chapa desde diferentes ángulos y testimonios.

Marcelo, con 13 años, fue todo el campeonato a la cancha de Boca: no se podía perder la finalísima contra River. Fue a Racing a intentar sacar entrada y no consiguió; pasó por La Boca: la cola era kilométrica, no había chances de alcanzar un ticket. El lujo bostero de ser testigo del gol de Suñé fue, entonces, por la TV: falta de un tal Daniel Passarella, avivada de Suñé, y grito del pibe incluso antes de que el relator se diera cuenta del gol de Boca. Saltando y gritando, Marcelo no vio la repetición -ni en ese momento ni nunca más-, y sólo recuerda de fondo la voz del comentarista, el inoxidable Macaya Márquez.

Nicolás sí logró entrar a la cancha: fue el mismo día del partido a Avellaneda y un hincha caracterizado (para barrabravas todavía faltaba) le vendió una entrada al precio original: la reventa no corría… Se ubicó como pudo en un Cilindro abarrotado, sufrió con la atajada de Hugo Gatti al ilustre Jota Jota López, y se fue haciendo amigo de un compañero ocasional de tribuna, un hasta ese momento absoluto desconocido: El Gordo, como lo bautizó, sin siquiera preguntarle el nombre. Fue El Gordo, como si supiera lo que iba a venir, como si alguien se lo hubiera mandado para permitirle vivir ese momento, el que le dio la dicha de ser también testigo del tiro libre de Suñé: «¡Mirá cómo viene el Chapa! ¡Mirá cómo viene el Chapa, Negro!», le gritó para luego fundirse en un abrazo, en un único abrazo con una persona que nunca jamás se volvió a cruzar.

Jorge también vio el gol, y bien de cerca. Jorge es el Ruso Ribolzi, parte de ese equipo campeón, y él fue testigo de la ya famosa charla entre el árbitro Arturo Iturralde y los capitanes de Boca y de River, Suñé y Roberto Perfumo, donde se dejó establecido que por nueva norma AFA las infracciones podían jugarse rápido sin necesidad de autorización del juez. «Y ahí vino el tiro libre y el Chapa no dudó… El Chapa agarró la pelota, ¡y aunque en su puta vida había pateado!, agarró la pelota, le pegó y entró al ángulo», recuerda una de las piezas importantes de aquel Boca de Lorenzo.

El Ruso saca pecho de aquel partido, de que «por algo se sigue recordando 40 años después». Estuvo en la Bombonera en la última fecha de este torneo, ante Colón, cuando se les entregó una plaqueta a varios de los campeones de aquel 22 de diciembre. Y sobre el gol, sobre el mítico gol fantasma, Ribolzi no duda: «Era época de militares, estoy convencido que lo hicieron desaparecer, con Lacoste y toda esa banda de militares hinchas de River… Estoy seguro de que al gol lo hicieron desaparecer, sí. Pero no importa: ellos pueden borrar el gol, pero no la historia». Y acá estamos, recreando la historia del gol más lindo del mundo.

Por @lucasg91