Sin Tevez, Ábila y Salvio, a Boca le falta pie de obra calificado para concretar las situaciones que genera. De 2020 a la fecha, Carlos (8), Ramón (8) y Eduardo (7) convirtieron más de la mitad de los 42 goles del equipo en las competencias locales. Por suerte aparecieron Izquierdoz y López: sus presencias en área rival explican una buena porción de los cinco puntos sumados al cabo de tres fechas.

De esta versión empatadora del bicampeón argentino debe rescatarse su esfuerzo para revertir episodios adversos. Ante Sarmiento, como sucediera contra Independiente, River, Argentinos y Gimnasia, estuvo en desventaja hasta avanzado el segundo tiempo. Ninguna de esas veces perdió.

A tono con la época, es imprescindible hacer un cuestionamiento. No se considera nota periodística hoy en día al artículo que omita un párrafo crítico. Pues aquí va: con el parcial 1-1, los dirigidos por Russo buscaron el triunfo con una desorganización que los expuso a un resultado peor. Conviene recordar que en esta Copa de Liga se clasifican los cuatro primeros de cada zona. Boca quedó a cuatro del líder Vélez. Veremos el próximo domingo si es tan amplia la diferencia futbolística.

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Imaginemos que un volante de las categorías formativas, antes de disputar un superclásico, pida sacarse una foto con algún mediocampista rival, llámese Javier Mascherano o Juan Pérez. Seguramente sería su último partido en la Primera xeneize. Por suerte, no siempre fue así. La tarde de su debut ante River, el 9 de septiembre de 1956, Antonio Ubaldo Rattín quiso llevarse un recuerdo del centrojás visitante y posó al lado de Néstor Raúl Rossi. Boca ganó 2-1 (tantos de Zubeldía y Senés) y el Rata jugó 14 años ininterrumpidos con la camiseta azul y oro. Cualquier número 5 de aquella época sentía admiración por Rossi, símbolo de su club y baluarte de una Selección hegemónica en el continente. Desde hacía rato que se lo identificaba como La Voz de América, por capacidad de mando y presencia majestuosa en el centro del campo.

Néstor, hincha de Huracán, nació el 10 de mayo de 1925 en Parque Patricios. De pibe se mudó a la despoblada zona norte del GBA. Jugó en Beccar, Acassuso y Platense hasta que Carlos Desiderio Peucelle -autor de un gol en la final del Mundial de 1930, maestro de futbolistas- lo llevó a la banda. Su estreno con los mayores se produjo en 1945. Venía de lucirse en una Tercera donde, según contaba con la verborragia que lo distinguía, Alfredo Di Stéfano era suplente. Transcurrió poco tiempo para que empezara a ordenar a los consagrados. Se enojaba con sus defensores si no le daban la pelota e imponía rigor en la marca de los contrarios.

Con Di Stéfano y su gran amigo Adolfo Pedernera, el que lo bautizó Pipo, emigraron a Colombia en 1949 para sumarse a Millonarios. “Fue el mejor equipo que integré en mi vida”, declararó ya retirado. Cuatro veces campeón entre aquel año y 1953, ese cuadro, donde también brillaron los compatriotas Julio Cozzi y Antonio Báez, quedó inmortalizado como El Ballet Azul.

Regresó al país en 1954 para liderar nuevamente a River y a una Argentina que, envalentonada por los sucesos regionales, viajó a la cita mundialista de 1958 con altas ambiciones. El Desastre de Suecia (humillante 1-6 vs. Checoslovaquia y eliminación en fase de grupos) manchó a una generación de jugadores. Rossi y Amadeo Carrizo fueron los principales apuntados.

En 1965 su compinche Pedernera estaba a cargo del fútbol boquense cuando, camino a La Candela, sufrió un grave accidente automovilístico. Faltaba poco para comenzar el torneo y Adolfo convocó a Pipo. Con la base del campeón 64, más Alfredo Rojas por Paulo Valentim, el flamante DT condujo al Xeneize a otro título. Fueron determinantes las victorias en los clásicos: 2-1 en el Monumental y 2-1 en la Bombonera, sobre la hora, con gol de Beto Menéndez, otro de prosapia millonaria. Rossi dejó el cargo en 1966, con cifras destacadas en el plano local (apenas seis derrotas en 58 partidos) y dos frustraciones en la Libertadores.

Crack entre fenómenos, dejó decenas de anécdotas. Ernesto Picot, un moreno y hábil wing de San Lorenzo, le tiró un túnel: “Epa, cuídese… El único negro que hizo historia fue Falucho y lo fusilaron”, le advirtió después de semejante atrevimiento. Aunque como técnico su única vuelta olímpica ocurrió en Boca, es justo valorar algunos aciertos en el ejercicio de la función. En 1974, al frente de un River urgido por la sequía de éxitos, se animó a alinear en Primera a un muchacho que terminaría rompiéndola toda: Daniel Alberto Passarella.

Con varias apuestas y la ausencia de Carlos Tevez, que no volvió a los entrenamientos tras el fallecimiento de su padre, Boca busca su segunda victoria consecutiva en la Copa de la Liga Profesional. Tras un flojo debut con empate 2-2 ante Gimnasia, el equipo de Miguel Ángel Russo fue levemente superior a Newell’s en Rosario y se llevó un gran triunfo por 1-0 con gol de Carlos Izquierdoz en una cancha difícil para sumar de a tres por primera vez en este 2021. 

El entrenador repetiría el equipo este domingo en el duelo en el que el Xeneize recibirá al recién ascendido Sarmiento. Modificaría el esquema por uno más audaz, un 4-3-3 con Toto Salvio, Mauro Zárate y Sebastián Villa en ataque. Mantendría las dos apuestas con las que empezó la temporada: el juvenil Cristian Medina, de buen partido ante la Lepra y que relegó a Alan Varela al banco, y Nicolás Capaldo de 4, un puesto en el que Boca sufre desde la partida de Facundo Roncaglia y más atrás en el tiempo Hugo Ibarra.

Capaldo, algo desordenado pero con una voluntad y un físico privilegiado, cumplió en un puesto atípico para él, y espera ser la solución para Russo ante el bajo nivel de Buffarini y Jara, que se despedirán del club en junio, y el pase caído de Andrés Román, lateral colombiano de Millonarios.

La buena noticia en el corto plazo para el técnico del Xeneize es que Marcos Rojo, único refuerzo en este mercado, sumó minutos en la última práctica de fútbol. Si se acomoda físicamente, el ex Manchester United es un refuerzo de lujo para el fútbol argentino. Con el Superclásico en el horizonte, el 14 de marzo, la pregunta es si el dos veces mundialista llegará para el encuentro en La Bombonera. 

En cuanto al duelo de este domingo, Boca recibirá a Sarmiento este domingo a las 21:30 por la tercera fecha de la Copa de la Liga. El equipo, el mismo que ante Newell’s, sería: Andrada; Capaldo, Zambrano, Izquierdoz, Fabra; Medina, Campuzano, Cardona; Salvio, Zárate y Villa.

 

Carlos Bianchi lamenta aquellos cruces de cuartos en la Libertadores 2013. Aún hoy piensa que si Boca vencía en la maratónica definición por penales, después de una serie sin goles, se quedaba con la Copa. El incomparable DT tropezó contra la mejor versión de Newell’s en mucho tiempo, tanto que esa formación dirigida por Gerardo Martino fue elevada al nivel de un Barcelona (no del actual). Los rosarinos constituyeron una valla insalvable para el Virrey en su tercer ciclo: seis partidos y ninguna victoria.

Desde la asunción de Rodolfo Arruabarrena en el cargo, Boca y Newell’s jugaron en nueve oportunidades. Hubo siete victorias xeneizes y dos empates. Si adaptáramos un hashtag que suele circular en las redes sociales, podríamos advertir: #TampocoSeMetanCon Bianchi.

Como varios en el fútbol argentino, la Lepra reivindica su condición de clásico adversario. Ciertamente, desde la épica final (épica en serio) de la Liguilla 86, ha habido choques dignos de memoria entre ambos. Una particularidad es que la mayoría de los últimos se ha dado en escenarios de crisis, sobre todo para quienes están desesperados de que la haya. En 2015, por ejemplo, Boca venía de dos derrotas consecutivas. En 2016 estaba en duda la continuidad del Vasco. En 2017 parecía que River se llevaba el título de arremetida. En 2018 el equipo de Guillermo acababa de perder dos seguidos. En 2020 también. Ahora explotaba todo. Boca ganó siempre.

La presencia de Izquierdoz para imponerse en las dos áreas, la seguridad de Andrada y el aporte de los pibes de las Inferiores, vitales en un mercado restringido, fueron las noticias más favorables. El domingo arrancó triste y terminó con tres puntos en honor de Don Segundo Tevez, laburante y boquense.

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Dos hechos vuelven extraordinaria la carrera de Oscar Miguel Malbernat: fue capitán del Estudiantes campeón mundial en Manchester y vino a Boca para pelear el puesto con Rubén Suñé y Silvio Marzolini. Cacho empezó como zaguero en las Inferiores pincharratas. En Primera se consolidó como lateral, con gran timing para barrer y despojar al wing que pretendía eludirlo. Aunque era diestro, jugó más de 3 porque de 4 estaba el también destacado Eduardo Luján Manera.

Presente en 26 de los 31 partidos que los platenses disputaron en las Libertadores de 1968 a 1971, alcanzando las cuatro finales y solo perdiendo la cuarta ante un bravísimo Nacional uruguayo, Malbernat se sumó al masivo éxodo producido en el club tras la salida del técnico y maestro Osvaldo Zubeldía.

A Boca llegó acompañado por Carlos Pachamé, volante central zurdo, de gran sentido táctico, luego asistente del Doctor Bilardo en la Selección. A Pacha se lo reconocía por dos características: doblaba hasta la mitad las mangas de su camiseta larga, aunque se tratara de la peor noche invernal, y su apretón de manos podía desintegrar un ladrillo.

Les costó a Malbernat y Pachamé conseguir un lugar en la formación xeneize, dirigida por el chileno Fernando José Riera Bauzá. El equipo arrancó a todo vapor en el Metropolitano, con goleadas de visitante a Ferro (5-0), River (4-0), Estudiantes (7-1) y un épico 3-2 a Lanús en la Bombonera (0-2 hasta los 28 minutos del segundo tiempo).

El estreno oficial de Oscar fue en la banda izquierda un 9 de abril en Liniers, con categórico 4-1 a Vélez. El juvenil Roberto Mouzo (19 años) controló al peligroso Carlos Bianchi y el correntino Ramón Ponce dejó literalmente incrustada la pelota en un parante, con un magnífico tiro libre. El rendimiento boquense declinó en esa primera rueda y continuó bajo durante la segunda, al margen de un festejado 4-2 al Independiente que iniciaba su dominio en América.

La etapa azul y oro de Malbernat concluyó en el verano de 1973. En un mercado de pases con abundancia de canjes, Boca lo cedió a Racing junto con el santafesino Oscar Víctor Trossero -goleador de las Inferiores- para traer a un volante de muchos rulos y despliegue que escribiría historia larga en la institución: Jorge José Benítez. Sin Malbernat ni Suñé y retirado Marzolini, se confió en otro aguerrido marcador de origen pincha para los costados. Salió bien. Con 23 años, el cabello largo y sin bigotes, Vicente Alberto Pernía se instaló en La Boca.

Como tantos discípulos de Zubeldía, Malbernat se diplomó de entrenador. Anduvo por el ascenso (Argentino de Quilmes, Morón, Sarmiento) y varias plazas de Conmebol (Paraguay, Ecuador, Chile y Perú). Aquí en Primera solo dirigió a Estudiantes.

Cacho falleció en agosto de 2019, a los 75 años. Tres meses más tarde se supo sobre la existencia de una hija extramatrimonial, María Virginia Brizuela, quien reclamaba derechos en la sucesión. Extrañamente, los medios desaprovecharon la oportunidad de titular la noticia como tanto les gusta: “Escándalo con la herencia de un ex jugador de Boca”.

El tercer mercado de pases del Consejo de Fútbol encabezado por Juan Román Riquelme repite la tónica de los anteriores: búsqueda de oportunidades, poco gasto e intención de no desarmar el equipo titular. La llegada de Marcos Rojo, con el contrato en su poder, fue la única alta, luego de que el lateral derecho Felipe Román llegó a hacerse la revisión médica pero no la superó por un problema cardíaco detectado en la misma.

En el rubro bajas Boca no tuvo ventas, solo cesiones. Bajo ese formato la salida de más renombre fue la de Gastón Ávila a préstamo a Rosario Central. El joven defensor que sumó muchos minutos en la Copa Maradona buscará seguir ganando experiencia y evitará quedar tapado por la llegada de Rojo. Además salieron a préstamo los juveniles Enzo Roldán (Unión), Gastón Gerzel (Platense) y Ayrton Sánchez (Central Español de Uruguay).

La tercera ventana de transferencia de la “Gestión Riquelme” confirma un modo de negociar. Boca va en búsqueda de opciones a bajo costo, como la llegada de Marcos Rojo, Javier García o el Pulpo González con la intención de no hacer grandes erogaciones de dinero. En tres mercados, la compra más onerosa fue la de Carlos Zambrano: en enero del 2020 el Xeneize pagó 1.6 millones de dólares al Dinamo de Kiev.

Esto va de la mano con la política de salidas. El Consejo buscó no desarmar el núcleo del equipo de Russo, aunque en mercados anteriores sí se desprendió de varios futbolistas de recambio. En tres ventanas, la salida más rimbombante fue la de Pol Fernández: aunque su permanencia tenía fecha de caducidad, con su partida Boca sufrió una baja importante en medio de la competencia. En cuanto a ventas, sólo Bebelo Reynoso llenó las arcas Xeneizes con su salida a la MLS por alrededor de 5 millones de dólares.

Boca ficha poco, busca jerarquía, pero no siempre obtiene lo necesario. Hace tres mercados que tiene en el radar un ’9’ y todavía no lo puede concretar, mientras que era imperioso traer laterales porque tres de los cuatro actuales del plantel quedarán libres en cuestión de meses (Jara, Buffarini y Más) y no hubo refuerzos. Al mismo tiempo, llega un jugador de jerarquía mundial como Rojo, y se le da continuidad a un equipo y a un entrenador intentando que sea la clave del éxito. Ya con dos títulos en el bolsillo, ¿adónde llegará el barco comandado por Román y el resto del Consejo de Fútbol?

Entre la eliminación ante Santos por Copa Libertadores, la coronación en la Copa Maradona y el comienzo en la Copa Liga Profesional hubo un patrón que se mantuvo constante: el flojo rendimiento defensivo. El equipo de Miguel perdió la solidez que fue fundamental a la hora de los título obtenidos en las últimas dos competencias nacionales: recibió 9 goles en los cinco encuentros que disputó en lo que va del año. 

El empate en la Bombonera ante Gimnasia volvió a poner el foco sobre la línea defensiva, es por eso que Tomás Nelson y Lucas Guerrero debatieron en un nuevo podcast de MuyBoca: ¿por qué se cambió tanto? ¿cuáles son los méritos de algunos jugadores para ser titulares?

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Tanto el cuerpo técnico como el Consejo de Fútbol coincidían en que la banda derecha era uno de los lugares a reforzar. El primer apuntado fue Nahuel Tenaglia, pero la negociación no llegó a buen puerto y quedó descartado una vez que firmó planilla para Talleres en el primer partido de la Copa Liga Profesional. Desde entonces crecieron las acciones de Andrés Felipe Román, un ignoto para el fútbol argentino pero muy conocido por Russo.

A sus 25 años, Román tendrá su primera experiencia fuera de Millonarios, el club que lo vio nacer, y lo hará nada más y nada menos en un Boca que busca un salto de calidad para seguir siendo protagonista en cada competición que disputa. Alberto Gamero, su actual entrenador, destacó que “está para dar el salto y jugar en Boca”, aunque también dejó en claro que “quizás le falten partidos internacionales”.

Desde Colombia definen a Román como un jugador que se destaca por su potencia física, algo que lo hace desequilibrante cada vez que pasa al ataque. En ofensiva destacan su media distancia y su capacidad para pisar el área. En defensa se ve su versión más floja: le cuesta la marca, el retroceso y a veces tiene distracciones que lo dejan expuesto, aunque Gamero subraya que “ha evolucionado mucho en los últimos año” y que “es un jugador de exportación”.

El defensor fue un pedido de Miguel Ángel Russo, quien lo dirigió en el club de Bogotá cuando fue campeón en 2017 del Torneo Finalización y en 2018 de la Superliga de Colombia. Es más, fue el propio DT el que lo hizo debutar y lo afianzó en primera división. Desde entonces, Felipe Román disputó poco más de 80 partidos en los que convirtió 6 goles en el conjunto de Bogotá.

La carrera del lateral derecho colombiano va en curva ascendente. Recientemente llamado a la Selección Nacional cafetera por Reinaldo Rueda y ahora con el pase al fútbol argentino ¿Será la solución para el lateral derecho y el salto de calidad que espera Boca?

Aunque Boca haya ganado cuatro de los últimos cinco, nunca conviene subestimar las dificultades del torneo argentino. Los cuatro rivales de este año lo confirman. Gimnasia venció de visitante a Vélez, Colón y San Lorenzo en la Copa Maradona. Banfield fue subcampeón y el viernes superó claramente a Racing. Argentinos estuvo a un gol de ser finalista. River, el primer poseedor, mereció la victoria hasta en los partidos y las series que perdió.

Del 2-2 de anoche, para empezar por algo bueno, puede decirse que el equipo generó situaciones, incluidos tres mano a mano resueltos por el arquero visitante. Por elaboración colectiva o inspiración individual, todos los jugadores ofensivos quedaron en posición de gol al menos una vez. Cardona ratificó el poder desequilibrante de su pegada, con balón quieto o en movimiento.

El aspecto negativo, por supuesto, fue la endeblez defensiva que nuevamente impidió terminar con la valla invicta. En los cuatro primeros encuentros de 2020 a Boca le metieron un gol. En los cuatro primeros después de la pandemia no le anotaron. En los cuatro de 2021 que disputó por la competencia local ya le marcaron siete. Zambrano carga culpas en casi todos.

Así como adelante hay expectativas porque Villa y Salvio son capaces de prevalecer en el uno contra uno, atrás aumenta la inquietud al ver que, salvo a Izquierdoz, les cuesta imponerse en los duelos. Si a un lateral lo desbordan seguido y a un central le cabecean fácil, es un problema técnico más que táctico. Esas fallas no las solucionan ni los mejores planteos de Pep Guardiola o Ricardo Zielinski.

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Mucho antes de conducir la Asociación de Técnicos y de enfrentarse públicamente al locuaz Caruso Lombardi, Victorio Nicolás Cocco fue un futbolista sobresaliente, con ascendencia entre pares, aptitud para elaborar y poder de definición, sobre todo gracias a su facilidad para saltar e impactar el balón en dominios rivales. “De chico jugué bastante al básquet”, le cuenta a MuyBoca durante una charla que empieza con un recuerdo de sus inicios en Unión.

En diciembre del 66 vino Boca a un amistoso. Aunque yo entonces era número 5, me pusieron de 2. En el segundo tiempo entró Rojitas. ¿Sabés lo que costaba quitarle la pelota a Rojitas? En un cruce le cometí una falta fuerte. Quise disculparme y me dijo: ‘Andá, ¿pensás que así vas a jugar algún día en Buenos Aires?’. Estuvimos peleados casi 50 años por aquel foul, ja, ja… Nos amigamos hace poco”, se divierte con la anécdota este santafesino de rulos todavía firmes, nacido el 23 de marzo de 1946.

San Lorenzo lo incorporó en 1968. Esa misma temporada llevó a un 9 de Deportivo Español que se destacaba por su elegancia: Carlos José Veglio. Fueron dos de las figuras de Los Matadores, campeones invictos del Metropolitano. En la semi vencieron 3-1 a River (Cocco y Veglio anotaron los últimos dos) y en la final, 2-1 al Estudiantes que acababa de lograr su primera Libertadores.

Aquel Ciclón mantuvo alto nivel de competitividad: tercero en el Nacional 69, tercero en el Metro 70 y segundo en el Nacional 71. Arrancó 1972 con la renuncia de su entrenador, el chileno Andrés Prieto, y una sanción a Roberto Telch, histórico volante central. Llegó Juan Carlos Lorenzo para ordenar todo. “Él me inventó de enganche, cuando no existía esa función”, rememora Victorio con gratitud. “Nos juntábamos con Toti para armar. Adelante iban el Lobo Fischer (después el Ratón Ayala) y el Gringo Scotta”, completa. Las revistas ya publicaban fotos en colores. Camiseta azulgrana con botones y localía en el viejo Gasómetro de madera, San Lorenzo se adjudicó ambos certámenes. En el segundo superó 1-0 a River en la final, en cancha de Vélez y en suplementario.

Aquel bicampeón argentino no pudo contra el Independiente copero y se frustró un sueño americano que tardaría otras cuatro décadas en materializarse. Ciertas obsesiones demandan elevadas dosis de paciencia.

Victorio y Juan Carlos se reencontraron en el Unión de 1975. Recién ascendidos, los de Santa Fe apostaron fuerte para evitar un regreso inmediato a la B. Contrataron al Loco Gatti, al Chapa Suñé, a Heber Mastrángelo, a Víctor Marchetti… Se clasificaron cuartos en el Metropolitano. Cocco anduvo bien y consiguió una chance en el Deportivo La Coruña. De aquella experiencia gallega se le descubren varios giros idiomáticos y el orgullo de un gol sobre la hora en el clásico vs. Celta de Vigo. De cabeza, por supuesto.

Volvió al país y Rafael Aragón Cabrera, presidente de River, le sugirió a Labruna que lo sumara. Cocco fue protagonista de la final del Nacional 76, la del tiro libre de Suñé. Entró cuando faltaba media hora, en reemplazo del cordobés Beltrán. El DT lo relegó al comienzo de 1977 y el temperamental volante se enroló en un Atlanta con muchos conflictos, al punto de que él terminó ese torneo como jugador y técnico.

En 1978 la vida lo cruzó nuevamente con Lorenzo y su antiguo amigo Toti Veglio, en una etapa gloriosa del Xeneize. “Un plantel bárbaro, con grandísimos tipos”, resume. A Boca se le escapó por poco el doblete: conquistó la Libertadores y terminó a un punto de Quilmes en el ámbito local. Victorio ingresó en una docena de partidos y aportó dos goles para un 4-0 a Estudiantes de Buenos Aires. Solo se le escuchan palabras de elogio cuando habla del Toto: “Vivísimo, estaba hasta en los mínimos detalles. Fue el mejor de todos los que me dirigieron”.